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Junio del 2009


La Búsqueda del equilibrio Emocional


La Búsqueda del equilibrio Emocional

Hay un principio filosófico que dice “El hacer sigue al ser”, lo que significa que primero está el ser humano como tal y luego lo que puede realizar en su vida. Sin embargo, desde su primera infancia, el niño empieza a ser enseñado sobre lo que debe hacer, y el «hacer» será su objetivo predominante en la vida.
 
Lógicamente, esto no tiene nada de malo, al contrario, cada ser humano necesita aprender alguna actividad que le garantice el realizar su propio proyecto de vida.

Pero, nos preguntamos ¿basta una profesión, un oficio, o sencillamente saber hacer algo para ser feliz? Quienes lo logran no han olvidado algo muy importante, cuidar con el mismo empeño a su propio ser. Es decir, consideran que primero son personas, con inteligencia, sentimientos, emociones, anhelos, deseos de superación, etc., que necesitan ser tomados en cuenta para darle un objetivo real a ese quehacer diario. Así logran evitar que se produzca esa sensación de hastío y de cansancio después de un día de trabajo abrumador.

¿Cómo cuidar entonces a este ser humano que tanto lo necesita? Ya que está compuesto de una parte material y otra espiritual, tiene que cuidar tanto su cuerpo como su alma y su espíritu. Sabemos que la salud del cuerpo es muy importante, pero también lo es - y muchísimo más - la del alma, o psiquis, junto con la capacidad trascendente del espíritu humano.

En el mundo en que vivimos, por largas épocas se ha sobrevalorado una de las facultades de la psiquis: la inteligencia racional o intelecto, con el consecuente descuido de la parte afectiva y volitiva del hombre. No se ha dado la misma importancia al conocimiento de los sentimientos, emociones y pasiones, y a lo que significa la voluntad en el ejercicio de la acción humana.
 
Son innumerables las estadísticas sobre el C.I. (coeficiente intelectual) de miles de personas para determinar la capacidad de seguir determinado tipo de estudios. No se puede negar su utilidad; pero se hace cada vez más evidente que un alto C. I. no garantiza el éxito en la vida si no se tiene el mismo aprecio por lo que hoy se ha llamado «la inteligencia emocional».

El autor, Daniel Goleman, ha tenido un éxito sorprendente con su libro «La Inteligencia Emocional», donde revoluciona el concepto de inteligencia diciendo que en su aspecto emocional garantiza un mayor bienestar en la vida. Nos parece que este best-seller está dando respuesta a ese anhelo tantas veces postergado de miles de personas que quieren ser apreciadas por lo que son y no sólo por lo que puedan producir o por el servicio que puedan prestar.

Dentro del aspecto afectivo, las emociones desempeñan un papel extraordinariamente importante y decisivo en el quehacer humano. Con razón se dice que «en esencia, todas las emociones son impulsos para actuar». La raíz misma de la palabra «emoción» es «motere», verbo latino que significa «mover», además del prefijo «e» que significa «alejarse».

En todo lo que realizamos, utilizamos tanto los sentimientos como el raciocinio. Pero en muchas ocasiones las emociones avasallan al intelecto aplastando la razón. De ahí la gran importancia que tiene el saber manejar bien la parte emocional para mantener el equilibrio entre el corazón y la cabeza. Todos sabemos que el descontrol de las emociones negativas oscurece el entendimiento, haciéndonos actuar en forma irracional mientras estamos en su poder. ¡Cuántas desgracias se producen por esta causa!

Existe una serie de emociones negativas con sus muchas combinaciones y variables. Algunos teóricos proponen familias básicas de emociones. Una de ellas es la enunciada por Daniel Goleman en su obra ya citada, la que por su extensión puede servir de gran ayuda para el conocimiento personal en un momento dado. Las principales emociones básicas y sus variables serían las siguientes:

Ira: Furia, ultraje, resentimiento, cólera, exasperación, indignación, aflicción, acritud, animosidad, fastidio, irritabilidad, hostilidad, violencia y odio.

Tristeza: Congoja, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión, soledad, abatimiento, desesperación, depresión (que puede ser muy grave en casos patológicos).

Temor: Ansiedad, aprensión, nerviosismo, preocupación, consternación, inquietud, cautela, incertidumbre, pavor, desconfianza, miedo, terror (el que a un nivel patológico puede transformarse en fobia y pánico).

Disgusto: Desdén, desprecio, menosprecio, aborrecimiento, aversión, repulsión, rechazo.

Vergüenza: Culpabilidad, molestia, disgusto, remordimiento, humillación, arrepentimiento, mortificación, contrición,

Sorpresa: Conmoción, asombro, desconcierto, sobrecogimiento.

Placer: Felicidad, alegría, alivio, contento, dicha, deleite, diversión, disfrute sensual, estremecimiento, embeleso, gratificación, satisfacción, euforia, extravagancia, éxtasis y (como extremo patológico) manía.

Amor: Aceptación, simpatía, confianza, amabilidad, afinidad, empatía, devoción, adoración, ágape (amor espiritual).

A pesar de la cantidad de variables de las emociones básicas que incluye esta lista, sin embargo, no da respuesta a todas aquellas que experimenta el ser humano.

Existen, además, los estados de ánimo que se diferencian de las emociones en que son más permanentes. Una persona puede tener en un momento dado un ataque de ira que luego se le pasa. En cambio, otra puede estar irritable y de mal genio en forma permanente.

A pesar de que tenemos una mente intelectual y una mente emocional, ambas se intercomunican en forma constante y son esenciales la una para la otra. Es por eso que cuando se aclaran nuestras ideas confusas, o nuestras dudas, sentimos inmediatamente un alivio emocional y una tranquilidad interior.

Muchas veces se piensa que una persona con un alto grado de conocimiento académico no debiera tener desequilibrios emocionales. Lo que sucede es que la inteligencia académica tiene muy poco que ver con la vida emocional. A menudo decimos de alguien con grandes logros académicos: «como profesional, excelente; como persona, ni hablar». Se comprueba cada día más que ser brillante intelectualmente no basta. Sin un cultivo constante de la parte emocional, estamos destinados no sólo a no lograr nuestros objetivos en la vida, sino, además, a fracasar rotundamente en nuestro anhelo de realizarnos. Cada vez con mayor frecuencia las empresas están comprendiendo la importancia de este problema, y proporcionan a sus empleados cursos y seminarios relacionados con el equilibrio emocional, la motivación, la alegría, el aprecio y respeto a las demás personas, la empatía, etc.

¿Quién no ha tenido que soportar la expresión amargada, la falta de interés por los demás, de tantos empleados de servicios básicos que hacen su trabajo automáticamente, como robots? A nadie se le ocurre que nuestro rostro no nos pertenece, salvo en los escasos momentos en que nos miramos al espejo. Muchas veces nuestra imagen nos impacta. Después, ese rostro se lo imponemos a los demás que tienen que aceptarlo. Si queremos mostrar desagrado a alguien no necesitamos abrir la boca, nos basta con nuestra expresión facial. Al contrario, una sonrisa es siempre bienvenida y suaviza cualquier situación tensa. Pero esa sonrisa tiene que ser espontánea, no una mueca estereotipada.

En todas las épocas los seres humanos han sufrido desequilibrios emocionales y patologías aberrantes derivadas de ellos. Pero en la actualidad pareciera que estuviéramos llegando a un paroxismo emocional enfermizo. Basta escuchar las noticias para quedar deprimidos por tanta negatividad. ¿Por qué el 80% de las noticias se refieren a violencia, asesinatos, violaciones, drogas, corrupción de toda índole? ¿Acaso no existen personas que a diario hacen el bien, que se esfuerzan por ser mejores, que ayudan a quienes lo necesitan, no sólo en cuanto a la miseria material, sino también en esa miseria psíquica y espiritual en la cual se sumergen ricos y pobres?

Es un hecho que personas más estables emocionalmente son capaces de poner orden en su vida afectiva lo que redunda en mejores relaciones interpersonales, mayor productividad en el trabajo, más capacidad de automotivarse y más perseverancia en sus objetivos. Todo esto las lleva a ser personas exitosas. Muchas veces se piensa que este equilibrio emocional es cuestión de temperamento y no de esfuerzo personal, siendo que el trabajo sobre sí mismo es mucho más arduo que el que realizamos externamente para ganarnos la vida.

Para lograr este nivel, es primordial el propio conocimiento en especial en lo que se refiere a las emociones, sentimientos y pasiones, en síntesis: nuestra vida afectiva. El hecho de observar las emociones que sentimos en el momento en que se producen dentro de nosotros por un estímulo externo - persona, cosa, hecho, circunstancia - es fundamental para nuestro autoconocimiento. Esta es la base del método de «Observación de Sí» que es uno de los medios más eficaces para lograr el equilibrio emocional, con un muy alto rendimiento en beneficios, tanto para nosotros como para los que nos rodean.

Es lo que llamamos «la flecha de dos puntas». Es la capacidad de darnos cuenta simultáneamente del estímulo que nos está provocando una emoción negativa y de la emoción misma, distinguiendo cuál de ellas es la que nos está invadiendo. Este trabajo, realizado en el momento que se produce, nos da la oportunidad de disolver el efecto negativo del estímulo y de mantener la calma interior y exterior, sin necesidad de una represión que acumularía más carga emocional.

El esfuerzo consciente de darse cuenta exige el estar alerta psíquicamente, de lo contrario, la incapacidad de reconocer las emociones nos deja a merced de ellas. Este ejercicio se hace difícil al comienzo, pero la constancia en practicarlo da como resultado un equilibrio emocional envidiable. Nada se compara a la paz interior, la tranquilidad y la alegría de no ser esclavos de emociones negativas que destruyen la salud, amargan la existencia y pueden apresurar su término.

La consciencia de uno mismo nos da la posibilidad de ordenar nuestra vida afectiva; es fuente de automotivación y de dominio de sí, lo que redunda en creatividad, permitiéndonos lograr nuestros objetivos personales. También nos permite reconocer las emociones de los demás, lo que nos hace desarrollar empatía en nuestras relaciones con ellos, y, a la vez, impide que nos dejemos manejar por emociones negativas ajenas.

Esta descripción - nacida de nuestra experiencia en Cursos de Observación de Sí - confirma lo que expresa Daniel Goleman: «A primera vista podría parecer que nuestros sentimientos son evidentes; una reflexión más cuidadosa nos recuerda épocas en las que hemos sido demasiado inconscientes de lo que sentíamos en realidad respecto a algo, o despertábamos tarde a esos sentimientos. Los psicólogos usan el término «metacognición», yo prefiero la expresión «autoconsciencia» (self-awareness) en el sentido de una atención progresiva a los propios estados internos».

Según Goleman: «esta autoconsciencia - consciencia de uno mismo - en el sentido de una atención progresiva a los propios estados internos, abarca todo lo que pasa por la consciencia en forma imparcial, como un testigo que tiene interés, pero que no reacciona. Es la diferencia, por ejemplo, que existe entre una furia asesina en relación a alguien y la elaboración de un pensamiento autorreflexivo: “Esto que siento es "Ira”, incluso mientras uno está furioso».

La práctica de escuchar los propios sentimientos es recomendada por varios connotados psicólogos. Jung hablaba de escuchar a su ánima, o principio femenino, (que representa la afectividad en el hombre); y también de escuchar los mensajes del inconsciente, según aparecen en los sueños.

Carl Rogers recomienda la atención y la aceptación de los propios sentimientos. Según lo cita William Johnston: «Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y ser yo mismo. Con el transcurso de los años he adquirido una mayor capacidad de autoobservación que me permite saber con más exactitud que antes lo que siento en cada momento. Puedo reconocer que estoy enojado o que experimento rechazo hacia esa persona, que siento calidez y afecto hacia este individuo, o que mi relación con alguien determinado me produce ansiedad y temor. Todas estas actitudes son sentimientos que creo poder identificar en mí mismo».

Lo interesante en esta búsqueda del equilibrio emocional es tener siempre presente que la mente intelectual y la emocional están en permanente interacción. El mantener el equilibrio entre la cabeza y el corazón nos facilita alcanzar la paz interior, un don inapreciable en el mundo en que vivimos. Sin este equilibrio, es prácticamente imposible ser eficiente en el trabajo, manifestar capacidad creativa, establecer gratas relaciones humanas, y mantener la tranquilidad en las innumerables situaciones conflictivas que nos toca vivir.

La certeza de que podemos hacer mucho en este aspecto - independiente de la edad que tengamos - abre un horizonte de esperanza sobre cómo ser y vivir mejor. Todos deseamos ser felices en un ambiente que nos proporcione paz y seguridad. Podemos hacer mucho si empezamos a trabajar sobre nosotros mismos, tratando de superar toda emotividad negativa. Los primeros que agradecerán nuestro esfuerzo serán nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y todos aquellos que se crucen en nuestro camino.

 
Sofía Roepke




Más Información:
Goleman, Daniel.- La Inteligencia Emocional.- Javier Vergara
Johnston, William.- El Ojo Interior del Amor.- Ediciones Paulinas
Rogers, Carl.- La Persona como Centro.- Herder


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Por RainmakerCAV - 16 de Junio, 2009, 21:14, Categoría: General
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OBRA DEL PADRE MARIO

Florencia nos manda este archivo sobre la
Obra del Padre Mario
 
Recuerdan que les propuse vieran la pelicula LAS MANOS con Jorge Marralde y Graciela Borges ?
 
Es justamente biografica, sobre el Padre Jose Mario Pantaleo, que sanaba a sus fieles utilizando el Principio de Vibracion, y conocimientos Radiestesicos.
 
Abrazos familia !!!
 
Nel.
 
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Con el nombre de Obra del Padre Mario se conoce a la totalidad de los distintos servicios y acciones sociales desarrolladas a partir de la extraordinaria capacidad de amar de quien fuera su fundador, el Pbro. José Mario Pantaleo, conocido, admirado y amado por sus amigos y seguidores simplemente como el Padre Mario.

Esta Obra, declarada de Interés Nacional mediante el Decreto 928/93 del Poder Ejecutivo, por solicitud del Honorable Senado de La Nación, es llevada adelante desde el fallecimiento de su fundador por dos entidades jurídicas por él creadas: La Fundación Pbro. José Mario Pantaleo y la Fundación Nuestra Señora del Hogar.
La Obra tiene estatus de miembro consultivo en el ECOSOC de Naciones Unidas, es miembro fundador de FEDEFA, de La LIGA, de la Red Cimientos, es miembro de la CIF, del CADAS y de la OISS.

Desarrolla sus actividades principalmente en González Catán, partido de La Matanza, provincia de Buenos Aires, Argentina. Un área geográfica con índices de pobreza y desempleo entre los mas altos en todo el país.

Cumple su misión a través del Comité Ejecutivo, Dirección General, Dirección Social y 8 grandes áreas finales:

Area Educativa, Area Discapacidad, Area Salud, Area Comunitaria, Area Cultura, Area Deportes, Area Administración, Area Relaciones Institucionales, Las temáticas abordadas son:

- Educación, infancia y familia
- Salud, discapacidad y tercera edad
- Desarrollo humano y asistencia Social
- Fortalecimiento del tercer sector
- Formación laboral
- Cultura y deportes

Actualmente, las actividades desarrolladas por la Obra alcanzan a más de 30.000 beneficiarios directos en González Catán, Ciudad de Buenos Aires y Ciudad de Santa Fe.

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Por RainmakerCAV - 16 de Junio, 2009, 21:11, Categoría: General
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Hacedor de Lluvia Chino

 

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Por RainmakerCAV - 15 de Junio, 2009, 14:35, Categoría: General
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Emocional-es


Qué hacer y qué no hacer para un acercamiento amoroso

Artículo publicado por Merlina Meiler

¿Te atrae alguien y no sabes cómo acercarte?

Para entablar una relación más cercana con una persona con quien no tienes el trato que desearías, te presento algunas ideas que ayudarán a que se produzca el encuentro tan deseado y dé los mejores frutos:

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7

Jun

Dar un poco más

Artículo publicado por Merlina Meiler

Hoy comienza una nueva semana. Hasta ahora parece que será igual que las anteriores en muchos aspectos. ¿Te gustaría darle nuevo ímpetu a tu vida, hacer algo diferente, salir de la rutina?

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4

Jun

Cuestión de imagen

Artículo publicado por Merlina Meiler

Hace tiempo que deseas entablar una relación de pareja seria y profunda con otra persona. Que te haga vibrar y satisfaga tus emociones y deseos.  O al menos, esto es lo que pregonas abiertamente. No obstante, tus intentos suelen terminar en resultados no deseados…
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1

Jun

Tu belleza interior

Artículo publicado por Merlina Meiler

¿Sueles preocuparte por tu belleza exterior, por cómo te ven los demás, por la imagen que refleja el espejo cuando te miras en él? Esto puede revestir mayor o menor interés para ti, pero lo verdaderamente importante, es la belleza que anida dentro de ti.

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28

May

Amor descartable

Artículo publicado por Merlina Meiler

En una relación de pareja no satisfactoria, hay ciertos síntomas que nos dan la pauta (o la seguridad) de que es hora de decir adiós, dejar partir esa relación, quedarnos solos y comenzar a hacer lugar para lo nuevo que vendrá.

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25

May

Con esperanza

Artículo publicado por Merlina Meiler

Intentar hacer algo o alcanzar un objetivo sin echarle ganas es una manera de condenar nuestro proyecto al fracaso.

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22

May

¿Formalizar con o sin papeles?

Artículo publicado por Merlina Meiler

Aunque parezca un tema de otros tiempos, esta es una pregunta bastante común en mi consultorio emocional. ¿Es mejor casarse o mudarse bajo el mismo techo, sin papeles?  Últimamente, es muy común que los miembros de una pareja decidan irse a vivir juntos antes de casarse. O que, en definitiva, todo quede en una convivencia y nunca pasen al aspecto formal del matrimonio.

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20

May

Adolescentes eternos

Artículo publicado por Merlina Meiler

A veces cuesta reconocerlos porque dan la impresión de ser personas maduras, independientes, que se valen por sí mismas. Son los adolescentes eternos: mujeres y hombres que siguen viviendo en la casa de sus padres, a pesar de que los años de escolaridad hayan quedado atrás (en muchos casos, muy atrás).

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Por RainmakerCAV - 12 de Junio, 2009, 1:31, Categoría: General
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Caaarpe... Diemmm !!!

Épocas de des-conexión

Por: Merlina Meiler,

 

En estos tiempos en los que parece que estamos híper conectados con el mundo que nos rodea, tengo la sensación que nuestro nivel de desconexión personal es aún más alto que en las épocas en que no existía la TV o que había pocos teléfonos en las ciudades...

Tenemos inalámbricos, celulares, iPhones, PDAs, Blackberries, Palms, Internet en todos lados, TV satelital o por cable, Facebook...

Recibimos marejadas de información todos los días, mucha de la cual a duras penas podemos procesar sin angustiarnos o indignarnos. Las malas noticias vuelan en estos días, cual aviones siniestrados. Esto nos da la sensación de estar comunicados con todo el mundo, pero es solo ilusoria.

La realidad es que nos cuesta mucho conectarnos con nosotros mismos, con los demás, e incluso con Dios (para los creyentes).

Muchos seres viven angustiados o deprimidos, sin saber exactamente qué hacer para mejorar sus vidas. Las sensaciones desagradables, especialmente la soledad, en muchos casos pueden alejarse e incluso erradicarse aumentando las conexiones personales.

Es simple y solo lleva unos minutos...

TRES PUNTOS DE CONEXIÓN

                ¿Con qué frecuencia nos proponemos estar más atentos

                 a nuestros deseos, inquietudes, necesidades?

 

                ¿Te conoces y te respetas lo suficiente?

 

Un problema grande es una serie de problemas más pequeños no resueltos...  ¿y si comenzáramos, por ejemplo, hoy mismo, a prestarnos real atención para darnos cuenta de qué nos haría más felices o nos evitaría un disgusto posterior?

En segundo lugar, mejoremos la conexión interpersonal, con la gente que nos rodea. Un mail esporádico no alcanza, esta semana es un buen momento para estar presente en la vida de quienes queremos, escuchar su voz, ver sus sonrisas, prestar atención a lo que tienen para decirnos y abrirnos a lo que tengan para compartir con nosotros.

¡Es tiempo bien invertido!

Por último, si eres creyente:

 

      ¿crees que tu conexión con Dios es la mejor que puedes tener?

 

       ¿Ocupa en tu vida el lugar que debería?

 

      ¿Haces algo de lo posible para ser mejor persona y sentirte

       más cerca?

 

Creo que enfocarnos en estos tres puntos puede resultar en una gran mejoría emocional. ¿A cuál de los tres le prestarás particular atención primero?



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Por RainmakerCAV - 12 de Junio, 2009, 1:28, Categoría: General
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Vea HOME - dERECHOS aNIMALES

 

Cuidando de nuestra CASA

Centro de estudios
para la teoría y práctica
de los Derechos Animales

 

 

 


© Gary Francione

© Traducción: Ana María Aboglio © 2009 Ediciones Ánima
Texto perteneciente al
Blog personal de Gary Francione.
8 de junio de 2009

Estimados/as colegas:

El pasado viernes 5 de junio –Día Mundial del Medio Ambiente– un notable documental llamado HOME fue lanzado los cines y TV en más de 50 países, y en Internet.

HOME es la historia de la tierra y de la evolución de la vida sintiente, y de cómo los humanos, en un breve período, han llevado a nuestro planeta al borde del desastre.

Les pido que no dejen de ver este documental, que estará disponible hasta el 14 de junio en YouTube. Animen a sus amigos y a su familia a verlo. Es gratis, y vale la pena cada segundo de sus 93 minutos de duración. La narración es inteligente y aquéllos que saben poco respecto de ecología obtendrán un conocimiento considerable.

La fotografía es magnífica. Cada cuadro es algo que podría fácilmente ser una fotografía sobre sus paredes.

En lo concerniente al tema de los animale, HOME es, de lejos, major que el documental de Al Gore, An Inconvenient Truth [Una verdad inconveniente], lo cual fue una sorpresa, dado que algunos de los patrocinadores de HOME son productores de animales. Hay una crítica explícita de la agricultura intensiva y una discusión acerca del uso ineficiente de recursos (granos, agua) usados para producir carne. Aunque la película ciertamente no defiende el veganismo, ésta es la implicancia lógica de su mensaje. Tal como argumenté desde hace tanto tiempo que ya ni recuerdo, toda persona que se preocupe por el medio ambiente debería ser vegano, incluso si no está preocupada por los temas morales que involucran la explotación animal.

HOME es una llamada de alerta desesperadamente necesaria. Nosotros, los humanos –especialmente aquéllos que vivimos en las ricas naciones industrializadas– necesitamos entender la pura insanidad del estilo de vida que consideramos como “normal.”

Vea HOME.

2009

Liberación > Enfoques > Francione



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Por RainmakerCAV - 12 de Junio, 2009, 1:09, Categoría: General
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Mapa del tesoro, tablero de los sueños


Hola,

Se acaba de publicar un nuevo artículo en el blog "Difusion CAV"

Título: Mapa del tesoro, tablero de los sueños
Publicado por RainmakerCAV el 12 de Junio, 2009, 0:20.



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Por RainmakerCAV - 12 de Junio, 2009, 0:29, Categoría: General
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Mapa del tesoro, tablero de los sueños

 
Estimados
 
Seguimos compartiendo estas hermosas técnicas de esta tambien
hermosa Coach Eliana de "CREA TU REALIDAD".
 
Les paso tambien el vinculo para que puedan accesar a su blog.
 
Este envio tiene que ver con otro instrumento excelente de
trabajo, que es colocar un panel en la pared, donde vamos
dibujando, pintando, escribiendo, etc., temas que tienen que
ver con lo que estamos pasando.
 
Yo hago algo parecido, a lo que propone Eliana.
 
Voy anotando pensamientos sueltos en un panel sobre la pared.
 
Todos los dias lo veo, lo estudio, y me vienen ideas nuevas
todo el tiempo.
 
Agrego fotos, lo pinto, es como un cerebro vivo, lleno de
colores, que esta alli, siempre, recordandome experiencias
vividas, pensamientos desarrollados, conceptos que escucho
en radio o tv, y que encuentro interesante.
 
Ni que hablar que hace años que colecciono pensamientos de
personajes (ilustres o no), que nos ayudan a despertar, a quitar
de nuestra mente lo oscuro, lo que no es, lo torcido, lo que nos
ha encapsulado esta triste sociedad. Animo, podemos crecer
sin límites. Nosotros somos nuestro propio limite.
Como dicen en el paso 12 de AA:
 
     "... llegamos a percibir bendiciones que ni siquiera
      imaginabamos que existieran !!"
 
Nelson Guizzo
 
 
***************************
 

Septiembre 15, 2008 by eliana  
Filed under Tablero de los sueños

Como sé que es un tema que les gusta mucho y yo también lo disfruto bastante, entonces hablemos un poco hoy sobre las herramientas de visualización que podemos usar en nuestro tablero de los sueños.

Pon a volar tu imaginacíón, no te sientas condicionado por nada, ni te sientas ridículo o iluso. Puedes poner en tu tablero de los sueños todo lo que desees poner ellí. En él creas la vida de tus sueños y es tu espacio, tu juguete, tu diversión, sólo tú mandas en él, de la misma manera como sólo tú mandas en tu vida.

Si tienes tu tablero de los sueños en la pared, te doy un excelente tip para que lo lleves siempre contigo: tómale una foto con tu celular (teléfono movil) y así lo podrás llevar a todas partes contigo y mirarlos siempre que desees. Si no lo tienes en la pared sino en una presentación en Power Point entonces no importa, trázate el objetivo de mirarlo como mínimo tres veces al día.

Más tips: pon en tu tablero de los sueños no sólo imágenes, pon palabras. Las palabras tienen energía y si pones tu sueño en palabras están añadiendo más elementos que el universo usará para comenzar su labor de atracción, además tú mismo te alinearás más con tus sueños y los tendrás más presentes comenzando a filtrar la información que requieres para tus logros.

Por ejemplo, si tienes en tu tablero una casa grande como la deseas, entonces también agrega la expresión “Casa grande” este es un ejemplo simplificado, se entiende, ¿no?

Si estás atrayendo a tu pareja ideal entonces usa la palabra AMOR. Escríbela de tu puño y letra y llena tu tablero con ella.

Si quieres mejorar tu autoestima, entonces te propongo que escribas estas dos frases:

“Me amo y me acepto profundamente como soy”

“Soy un ser perfecto, amándome a mí mismo primero, me amará el mundo”

Idea tus propias afirmaciones, aquellas que te hagan vibrar y te conecten con un sentimiento de amor, plenitud, entusiasmo y ponlas en tu tablero.

Que estos tips te sean de utilidad y te deseo que esta semana SEA UNA SEMANA MÁGICA.

 
 
 
 
 
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Por RainmakerCAV - 12 de Junio, 2009, 0:20, Categoría: General
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Hemisferios cerebrales, deben trabajar juntos

 
Hemisferios cerebrales,
 deben trabajar juntos
 
 
 
¿Cuáles son los beneficios de entrenar mis hemisferios cerebrales?

Entrenar tu mente es tan importante como entrenar tu cuerpo, como hacer ejercicio,  llevar una vida saludable y una alimentación balanceada. Si siempre comes hamburguesas y fritos por ejemplo tu cuerpo tarde o temprano te pasará factura por la mala alimentación que le estás dando, lo mismo pasa si eres una persona básicamente sedentaria y no te preocupas por subir las escaleras, ir a pie a algún lugar, salir a caminar, hacer ejercicio, ir al gimnasio, nadar, etc. Tu mente es igual, por eso debes cultivar el hábito de hacer gimnasia con tu cerebro.

Por años, gracias especialmente a nuestro sistema educativo, hemos dado preferencia al hemisferio izquierdo relegando a un injusto segundo lugar a nuestro hemisferio derecho. Nos han enseñado a pensar y razonar de manera lógica, a hacer cuentas, sumas y restas, a organizar nuestros conocimientos, etc.  Sin embargo poco nos han motivado el uso de nuestro hemisferio derecho.  El arte por ejemplo se toma como una materia secundaria en las áulas de clase, lo mismo sucede con la música, con la danza cuando en realidad deberíamos lograr un balance entre ambas áreas (materias académicas y artísticas)  ya que son igualmente importantes para lograr el máximo desempeño de nuestra mente.

Así pues el concepto de inteligencia está casi ligado por completo al manejo de herramientas propias de nuestro hemisferio izquierdo y en el camino hemos olvidado nuestra otra parte que bien podría ser desarrollada con una debida atención a nuestros procesos mentales relacionados con el arte, la intuición, el movimiento corporal, etc.

El área de nuestro cerebro que se ocupa de ésta área relegada es el hemisferio derecho, al realizar un ejercicio como el que propuse en la entrada anterior estamos dando a nuestro cerebro la oportunidad de entrenarse en un uso equitativo y simultáneo de ambos hemisferios.

¿Los beneficios?

Recordemos, como lo veíamos en otra entrada, que las mejores ideas vienen de nuestra parte creativa (hemisferio derecho), es el hemisferio que tenemos conectado con nuestro subconsciente, con la sabiduría, con nuestra parte sabia, con el pensamiento creativido, es “nuestro yo” que no requiere de razonamientos para encontrar una solución armoniosa a un inconveniente, es nuestro yo que ve oportunidades donde nuestra mente racional es incapaz de verlas, es nuestra parte conectada con aquello que los hawaianos llaman “la divinidad” (leer las entradas del Ho’Oponopono), llámalo como desees: inteligencia universal, yo interno,  mente mayor, etc.

Entonces como le decía a uno de mis lectores que me lo preguntó en Facebook los beneficios son el equivalente del ejercicio físico para el cuerpo, es algo que no ves de la noche a la mañana y sin embargo sabes que está trabajando en tí, que está cumpliendo un función y se trata de un proceso.

Puedes darte cuenta de que has encontrado por fin la solución a algo que te tenía sin saber qué camino tomar

Puedes notar que estás más intuitivo, más perspicaz

Puedes tener de repente una idea que te llene nuevamente de motivación

Puedes darte cuenta de que te sientes más distendido, con mayor energía y capacidad para pensar libremente, sin presiones

En fin, los beneficios, sólo se pueden ver con el tiempo y la constancia.

Les debo una entrada con más ideas para ejercitar el hemisferio derecho.

CARIÑOS, FELIZ FIN DE SEMANA

 
 
 
 
 
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Por RainmakerCAV - 11 de Junio, 2009, 23:41, Categoría: General
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Mi Audio en el Espectador


Hola, esta es la entrevista que me hicieran en
Radio El Espectadorrrrr.. la escuchaste ???

abrazo y beso !!!

Nelson


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Por Nelson Guizzo - 11 de Junio, 2009, 22:31, Categoría: General
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Un cuentito

El Jardinero 
 
1ra PARTE - EN BUSCA DE LA SABIDURÍA:

 

Esta es la historia de un hombre que partió por el mundo en busca de conocimiento y sabiduría. El camino lo fue llevando a lugares desolados e inhóspitos hasta que terminó en dirección a un antiguo monasterio donde le dijeron que podría llegar a encontrar lo que tanto buscaba.

 

En un recodo del camino se encontró con un anciano que estaba trabajando la tierra. El viajero se detuvo esperando que el hombre se percatara de su presencia, pero pasaban los minutos y el viejecito seguía concentrado en su labor. Cuando ya no pudo soportar la situación el viajero carraspeó pero no hubo reacción, por lo que no tuvo más remedio que hablarle: “¿Buen hombre, puedo interrumpirlo un momento?” dijo.

 

El anciano se volvió y los ojos se clavaron en el rostro del viajero. Sus ojos embriagaban de paz. “Disculpa hermano forastero que no te haya escuchado llegar. Es que cuando trabajo en el jardín me concentro tanto en el trabajo que olvido todo lo que me rodea. Dime, ¿que andas buscando por estos lugares tan apartados?”

 

“Busco sabiduría”  dijo el forastero y agregó: “¿Usted podría ayudarme honorable anciano?. Estoy perdido y no se que hacer.”

 

“Si lo que buscas es aprender la teoría que enseñan los libros escritos por mentes sabias, debes dirigirte a la biblioteca de aquel monasterio. Si en cambio lo que te interesa es aprender jardinería, ahí yo podría ayudarte un poco.” Le dijo el anciano con voz suave.

 

El forastero contuvo la risa y tratando de no ofender al jardinero le respondió con diplomacia: “No lo tome a mal, pero lo que a mi me ha movido a venir hasta este monasterio tan apartado es mi sed de conocimiento y sabiduría. Así que creo que me dirigiré en dirección al monasterio y a su biblioteca. Desde ya muchas gracias por la indicación, y si en algún momento tengo algo de tiempo puede que me de una vueltecita para aprender algo de jardinería.”

 

“Aquí estaré para cuando encuentres algo de tiempo para cultivar tu jardín”, dijo el viejecito y se dio media vuelta para seguir con sus labores.

 

El forastero se dirigió con paso presuroso al monasterio y ahí se instaló durante varios años. Estudió las matemáticas que el ya dominaba, y profundizó en el lado místico de los números. Se instruyó en el arte de curar. Aprendió como funcionaban las leyes universales a través de la naturaleza. Participó en innumerables clases, foros, experiencias alcanzando gran conocimiento y sabiduría.

 

Concluidos todos los estudios, el forastero se consideró listo para pedir una entrevista con el Gran Maestro. Se dirigió al guía del lugar y le solicito la entrevista. El guía lo miró y le dijo que antes debía responder algunas preguntas: “¿Cómo te sientes después de tanto estudio? ¿Sientes Paz? ¿Consideras que el conocimiento aprendido te ha perfeccionado y elevado espiritualmente?¿Cuál es nuestra meta? ¿Para que y hacia donde caminamos?”.

 

Se produjo un largo silencio y la mirada del forastero ya no era la misma. Esas preguntas tan profundas habían calado hondo dentro suyo. Luego dijo: “Te responderé con sinceridad. Pensé que aprendiendo lo que enseñaban aquí alcanzaría la perfección y me elevaría espiritualmente. Pero te confieso con pesar que no siento haber logrado en la práctica un crecimiento espiritual, ni tampoco he logrado tener más paz. Creo que he fracasado”.

 

“Bien” dijo el Guía sonriente.

 

El forastero sorprendido por la respuesta preguntó si se estaba burlando de el a lo que el guía agregó: “Si te hubieras sentido conforme con todo el conocimiento aprendido aquí, hubiera sido señal de que nada mas podríamos hacer por ti. Pero si en cambio te sientes disconforme con el camino seguido y los resultados obtenidos hasta el momento, entonces si podremos comenzar a trabajar en serio”.

 

El forastero no salía de su asombro y pregunto que función cumplía todo el conocimiento aprendido durante estos largos años a lo que el guía le respondió: “Eso fue solo la preparación. Recién ahora es cuando comienza el verdadero trabajo. Aquello tan solo preparó la tierra para que reciba la semilla. Por eso ahora debes ir con el gran maestro y aprender lo mas difícil…… jardinería.” El forastero entró en la cuenta que había aprendido durante todos estos años todo lo que enseñaban los libros del monasterio pero nunca se había hecho un tiempo para ir a ver al jardinero que había conocido al llegar ya que el estaba para cosas mas importantes.

 

Dado el desconcierto en el que se encontraba el forastero, el guía agregó: “Luego de hablar con el maestro jardinero, comprenderás la importancia de ese trabajo, de ese arte”.

 

“Eso haré ya que mi decisión de alcanzar gran sabiduría es inquebrantable” acotó el forastero y el guía cerró la conversación diciéndole: “Eso es lo que nos gusta de ti, ya que son muchos los que flaquean ante nuestras pruebas de paciencia y humildad”.

 

 

2da PARTE - APRENDIENDO A CULTIVAR NUESTRO JARDIN

 

Forastero: Buen día querido jardinero. He encontrado tiempo para cultivar mi jardín.

 

Jardinero: Bienvenido seas, aprendiz de jardinero. Me alegro mucho que finalmente hayas logrado hacerte un tiempo.

 

F: Maestro, ¿Cuál es el camino que lleva a la sabiduría?

 

J: Existen dos caminos a través de los cuales aprendemos las enseñanzas de la vida. Uno de ellos es el camino del Dolor, que purifica pero es muy lento. El otro camino es algo más difícil de explicar. Es el camino de la consciencia despierta. El que encuentra este camino, el que logra despertar su consciencia ya no necesita mas sufrir. El dolor deja de ser su maestro para ser ahora la comprensión de las leyes universales que son la guía.

 

F:¿Usted no descansa nunca?

 

J: No, una vez que empiezas a trabajar la tierra y a cultivar el jardín, no puedes descansar. Debes dedicar todas las horas del día y aún mas, ya comprenderás porque es así. Ocurre que cuando la tierra se vuelve fértil… todo, incluso las malezas,  puede prosperar. Debes aprender a cuidar tu jardín de esas malezas.

 

F: Pero no veo nada peligroso creciendo en el jardín, maestro.

 

J: Es porque ahora son muy pequeñas. Pero si las dejas crecer estas cizañas taparan y sofocaran a las más hermosas flores del jardín. Hay que arrancarlas de raíz porque esta  maleza es muy peligrosa.

 

F: ¿Y como se llaman estas malas hierbas?

 

J: Esta hierba arruina muchísimos jardines. Se llama orgullo. Quienes seguimos el camino de la consciencia despierta debemos estar alerta a las semillas que plantamos y a las que crecen en nuestro jardín, en nuestra mente. Porque cuando la tierra es fértil cualquier semilla, ya sea que la traiga el viento o la arroje alguien malintencionado, crecerá fuerte y por eso hay que vigilar. Cada uno es el jardinero de su propio jardín. Nadie puede cultivar la tierra ajena, por eso somos responsables de cultivar nuestro jardín interior.

 

J: Hermano, Retírate ahora a la soledad y medita sobre todo lo que hemos hablado. Mañana seguiremos.

 

Esa noche el forastero soñó que trabajaba su jardín. La tierra estaba dura y reseca. Las malezas amenazaban y el luchaba desesperadamente. Cuando despertó, le dolía el cuerpo y se encontraba todo sudado. El dolor era tan real que llegó a dudar de que todo hubiera sido una pesadilla. A veces resulta difícil diferenciar lo real de lo imaginario. Presuroso se dirigió al jardín del maestro donde lo encontró sentado y pensativo.

 

Forastero: Buenos días maestro, que raro que no este trabajando la tierra.

 

Jardinero: Hay veces que para ver los resultados, es conveniente tomar cierta distancia, apartarse un poco del escenario de los hechos y observar desapasionadamente los resultados como si fuéramos extraños , analizar y meditar de esta forma sobre todo lo que se ha estado haciendo.

 

F: Maestro, no sabe el sueño terrible que tuve anoche. Cuando me levante me encontraba todo dolorido.

 

J: No solo durante el día trabajamos en el jardín de la mente. De noche también lo hacemos y es en ese momento cuando podemos recibir en sueños ayuda o instrucciones especiales. ¿Alguna vez resolviste algún problema que te aquejaba mientras dormías? Es común que suceda. La labor es inmensa, pero también la ayuda que recibimos es grande. Los grandes maestros jamás nos ponen pruebas que sean superiores a nuestras fuerzas.

 

J: Ahora quiero llevarte a que veas un jardín.

 

Juntos cruzaron el inmenso parque hasta que se detuvieron frente a un hermoso jardín de flores hermosas y armoniosa distribución.

 

J: Este es tu jardín. Aquí trabajaras y aquí se reflejará el trabajo interior que realices en tu mente. No olvides que el trabajo lo debes hacer tu solo. Las instrucciones deben salir de adentro, de tu interior. Ese es tu gran jardinero.

 

F: Por favor, indíqueme por donde comenzar. Estoy perdido.

 

J: ¿Que es lo que ves en el jardín?

 

F:  Veo bellas flores distribuidas por todas partes.

 

J: Todas esas flores son tus conocimientos, pero hay algunas flores cuyos colores no me gustan del todo. ¿Ves aquellos claveles con un color rojo intenso? Eso representa una pasión dominante que afea la armonía del conjunto. Debes trabajar hasta que esa planta de flores de color blanco o de un rojo mas suave. ¿De que le sirve al hombre cultivar un arte sublime que eleva hasta los cielos si toda su obra la empequeñece con sus pasiones mundanas de orgullo, vanidad o egoísmo? Esos son colores que tienen algunas de tus flores, colores de envidia y de duda. Por este motivo es que se puede tener muuuucho conocimiento pero no ser un ser elevado espiritualmente. Hay que trabajar duro para purificar y embellecer nuestro jardín y para eso es que estamos aquí en la tierra.

 

J: La mayoría de las veces no nos damos cuenta de las malezas que ahogan nuestras rozas. Son tan propias del jardín que hasta que no tropezamos y nos golpeamos con ellas, no las vemos. O sea no tomamos consciencia de estos defectos. ¿A quien conoces que se llame a si mismo orgulloso, egoísta o cruel? Yo no conozco a nadie que lo haga.

 

J: Todos nos justificamos diciendo: No soy orgulloso, realmente valgo más que los demás….

 

J: …. No soy egoísta, puesto que esto lo gane yo y es mío….

 

J: … No soy cruel, solo soy justo…..

 

J: Como ves, la maleza se oculta muy hábilmente. Como dijo un gran jardinero que vivió hace ya más de 2.000 años: “Hay muchos árboles, pero no todos dan frutos. Hay muchos frutos, pero no todos se pueden comer. Muchos también son los conocimientos, pero no todos tienen valor para los hombres”. Creo que por hoy ya tienes bastante. Retírate nuevamente a la soledad y medita sobre todo lo que conversáramos hoy.

 

 

3RA PARTE - COMIENZAN LOS CAMBIOS

 

Durante mucho tiempo el forastero trabajo su jardín ante la mirada de su maestro jardinero. Poco a poco las flores fueron cambiando de color: los bajos deseos fueron reemplazados por deseos generosos. Cada día se desprendía más de lo superficial y mundano y cada vez se unía más al universo. Como le decía el maestro jardinero: “Todos somos uno en nuestra aparente multiplicidad” y a medida que trabajaba en su jardín este comentario teórico se convertía en una realidad palpable y cotidiana.

 

Un día, el forastero algo afligido consulto al maestro jardinero y le dijo:

 

Forastero: Maestro, estoy un tanto confundido. Han comenzado a salir algunas hierbas que no conozco y que yo no he plantado.

 

Jardinero: Eso significa que en nuestro jardín no solo germinan las semillas que nosotros plantamos. Cualquier semilla puede prosperar en la tierra fértil, ya sea útil o nociva. Por lo tanto debemos estar siempre atentos a lo que entra en nuestro jardín ya que puede venir por el aire ocasionalmente o ser arrojado por un vecino. Debemos seleccionar y controlar la calidad de las semillas que tienen contacto con nuestro jardín. En nuestra mente, alguien susurra un pensamiento y enseguida este cobra vida propia y hecha raíces rápidamente. Luego, si es nocivo, debemos luchar para arrancarlo. Por eso hay que estar siempre atento.

 

F: Otra duda maestro. He seguido todas sus instrucciones pero sin embargo crecen unas plantas raquíticas y de hojas amarillentas.

 

El maestro jardinero pregunto si la tierra había sido bien removida y si se habían regado los brotes tiernos lo cual había sido bien hecho por el forastero. Entonces el jardinero exploró más de cerca de estas plantas y su relación con el entorno.

 

J: Ahora entiendo. ¿Ves aquellos árboles que rodean tu jardín? Son tan frondosos y tienen tantas ramas que no dejan pasar el sol, por eso las plantas no prosperan. Estos árboles simbolizan las ciencias mundanas que llenan tu mente.  Hay muchos conocimientos que a veces nos marean y nos dificultan ver la realidad, y nos impiden ver la luz. Es por eso es que … “a menos que seamos simples, puros e inocentes como los niños, difícilmente podremos entrar en el reino de los cielos.”

 

F: ¿Eso significa que debo derribar esos árboles de conocimientos y vivir en la ignorancia?

 

J: No, solamente debes podar aquellas ramas que impiden entrar luz y aire suficiente. Una vez que hayas alcanzado la verdad por otro camino, el camino interior, veras como se junta con el de la ciencia y como esta cobra otra dimensión y otro significado diferente del que tenía antes.

 

F: Una última pregunta, Maestro. El otro día una bandada de pájaros invadió mi jardín. Eran horribles, de un aspecto feroz. Arrancaron flores y se comieron muchas semillas.  De seguir así pueden llegar a destrozar mi jardín. ¿Que hago? ¿Debo defenderme?

 

J: A toda costa debes ahuyentarlos y debes comprender que ellos no tienen ningún poder sobre ti. Tienen solo el poder que tú les des. Estos pájaros son las ideas y pensamientos negativos, las perdiciones e ignorancias que nos sumergen en las tinieblas. Son los fantasmas que tratan de deformar nuestros propios conceptos. Aléjalos de tu jardín. No podemos impedir que bandadas de ellos vuelen sobre nuestro jardín. Lo que si podemos es evitar que hagan sus nidos en el.

 

J: Reflexiona sobre todo lo que hablamos hoy y saca tus propias conclusiones. Y lo que es más importante, aplícalo en tu vida diaria.

 

 

4ta PARTE - SEMBRADOR DEL JARDIN UNIVERSAL

 

Mucho trabajó el hermano forastero en su jardín. Poco a poco se fue produciendo un cambio en el. Las flores ahora eran blancas, puras, esbeltas. Casi ya no había malezas en su tierra. Una paz inmensa y una gran armonía iluminaban su rostro.

 

La impaciencia que antes lo dominaba, la envidia que alguna vez lo atormentó, la duda, el egoísmo, todo había sido cambiado y purificado. Cierto día el maestro jardinero le dijo:

 

Jardinero: Has hecho grandes progresos y has aprendido a cultivar tu propio jardín. A partir de ahora, debes seguir tu solo en el camino, esta es nuestra despedida.

 

Forastero: Pero yo todavía no me siento preparado y quisiera quedarme mas a su lado.

 

J: Querido hermano, confía que ya sabes lo necesario. Quien se acostumbra a caminar con un bastón difícilmente fortalezca sus piernas debidamente. Ya no necesitas de mí. Ahora tu misión será viajar por el mundo tratando de arrojar semillas de amor y bien en los caminos que encuentres a tu paso. Comprende, serás un NUEVO SEMBRADOR, uno de los muchos que andan silenciosos trabajando incondicionalmente por el crecimiento del GRAN JARDÍN UNIVERSAL.

 

F: Querido Maestro Jardinero, ¿Puede darme algún último consejo de cómo transitar este camino? Es nuevo para mí y estoy algo perdido.

 

J: Hermano,..... recuerda siempre lo que te voy a decir. Puede que te ayude durante tu camino:

 

Eres un caminante que avanza sin un camino cierto y preestablecido; porque eres tú mismo quien hace el Camino al andar.

 

Camina siempre derecho, en dirección recta y con la frente alta.

 

En cada paso que des despójate de lo que te haga peso. Lleva sólo lo que necesitas, lo que te sobre regálalo a quien lo pudiera necesitar.

 

Todo lo que veas a tu paso, obsérvalo muy bien para que lo conozcas, lo comprendas.

 

Observa tus actitudes cuidadosamente a cada instante, para que comprendas tanto tus virtudes como tus errores.

 

Recuerda que en este Camino no debe haber regreso, por lo tanto, no dejes nada olvidado o pendiente.

 

No le digas a nadie que tu Camino es sin regreso, porque, quizás, los que te aman mucho no quieran que los dejes, puede que traten de cerrarte el paso.

 

Procura pagarle a cada quien lo que le debes, para que no te busquen luego en tu Camino, para cobrarte deudas pasadas.

 

Bebe cada día de la fuente de la Sabiduría para que en tu Camino no tengas sed.

 

En las noches estrelladas, trata de descansar en paz, y al alba de cada día continúa tu viaje.

 

Nunca digas: «Hoy descanso», porque aún no has llegado a tu lugar.

 

En tu Camino, no te enfoques en los defectos de nadie y mira las virtudes de todos.

 

A todo el que te encuentres en sentido contrario al tuyo, no trates de convencerle de que regrese o cambie su camino ya que nadie sabe con certeza cual es el camino para cada uno.

 

Si alguien se atraviesa en tu Camino, esquívalo y sigue. Cuida tu energía.

 

Amplia tu consciencia y ten una mente abierta y flexible.

 

A nadie le digas que conoces la Verdad, enséñales a que la conozcan y descubran por si mismo. Hay cosas en la vida que nadie puede hacer por uno mismo.

 

Cuando compartas con tus seres queridos y con tus allegados, no digas que tú eres sabio, habla de la Sabiduría de los Sabios.

 

Observa mucho lo que hablas. No digas nada que no sea más hermoso que el silencio.

 

Observa mucho donde pisas.

 

Cuando todos hablan, escucha, nunca censures y aprende.

 

Cuando ores o medites, hazlo en silencio. El camino debe combinar equilibradamente  momentos de actividad y también de quietud.

 

Cuando mires a alguien, demuéstrale siempre tu afecto.

 

Dale a todo el mundo a tu paso, una sonrisa. No tienes idea del poder transformador que tiene.

 

… y AMA… incondicionalmente…. siempre…. a todos…. ya que todos somos uno… la unicidad detrás de la diversidad.

 

El forastero abrazo a su maestro con lágrimas en sus ojos. Tomó aire y convencido dio un paso…. un primer paso del largo camino que estaba por empezar. Su vida ya no sería la misma…. y el mundo tampoco.

 

FIN

 

FRASES:

La mente es como un paracaidas. Funciona mejor cuando está abierta.

 

La ignorancia es la noche de la mente, pero una noche sin luna ni estrellas.

 

Existir es cambiar, cambiar es madurar, madurar es crearse uno a sí mismo indefinidamente.

 

El fin de tener una mente abierta, como el de una boca abierta, es llenarla con algo valioso.

 

La naturaleza ha puesto en nuestras mentes un insaciable deseo de ver la verdad.

 

La llave que se usa constantemente reluce como plata: no usándola se llena de herrumbre. Lo mismo pasa con el entendimiento.

 

 
sandra laraescribió:
Hola, me encant{o todo el cuento porque me lleva a mirarme a mi misma , a revisar todo mi proceder, mi andar, mi actuar cada dia, lo tomo como un regalo de vida y sabiduria exclusivamente para mi.. Mil Gracias...
19 Abr
 
blanca jannetescribió:
es una belleza muchas gracias y miles de bendiciones para ti hermano
6 Abr
 
que bien explicado, hermoso
30 Mar
 
hola,, cuanta sabiduria en una simple pero nutritivo cuento....gracias!!!!
27 Mar
 
Carmen Vila Vilaescribió:
me ha gustado mucho... cuanta verdad en tu cuento...gracias.. la verdad que me ha hecho pensar..
25 Mar
 
Adriana Cohenescribió:
Gracias por todo el conocimiento que nos brindas con estos cuentos, y espero integrar cada una de la enseñanzas del cuento para ser un poquito mejor cada dìa y no pasarlas solo por la mente, gracias nuevamente
23 Mar
 
teresa pontinoescribió:
gracias amigos por todo el conocimiento entregado
23 Mar
 
Irene Gonzálezescribió:
Gracias por contarnos historias tan bellas y recordárnos todo esto que ya sabemos, aunque con demasiada frrecuencia olvidemos. Estoy esperando, pacientemente, el final. Gracias x tu amor y tu deseo de servir nos.
23 Mar
 
Adaljisa Cornielesescribió:
Martín me encanta tu Cuento una manera especial para sacudirnos un poco del trafago del mundo. Gracias por invitarme.
23 Mar
 
LUCIANA FAVOTescribió:
Martin, en e este momento estoy quiza en la peor etapa de mi vida superando una adicciión al consumo que mucha veces me hace dudar de todo lo que esta a mi alrededor, hay momentos en que odio a la fa milia de mi novio por no estar a mi lado cuando en realidad soy yo la que no quiere que nadie se me acerque porque no me siento bien, estoy yendo al psicologo y al psiquiatra y estoy medicada para poder levantarme a vivir. Tu cuento me habrio la mente a muchas cosas que tenia olvidadas. Gracias
23 Mar
 
sandra laraescribió:
Martin o Japy? me encanto tu cuento, espero cultivar y cuidar mi jardin siempre... Es dificil y duro pero no imposible. Gracias
16 Mar
 
liliana gomezescribió:
Cuantas verdades están en esta historia,cuento,enseñanza. La ultima parte de la tercera parte cuando hablás de los pájaros´,tengo que decirte que es verdad! Uno de esos pensamientos negativos es el miedo,y se lo que es, y te puedo asegurar que hacen nidos y es muy difícil sacarlos..... Muy bueno todo lo que publicas,no sabes a cuanta gente ayudas,.Gracias Martín, lo mejor para vos.Li
15 Mar
 
BIEN,EXELENTE PARA AQUELLOS MORTALES QUE ACTUAN EN LA VIDA A TONTAS Y A LOCAS SIN MEDIR LAS CONSECUENCIAS, ESTA ES UNA REFLEXION Y UN LLAMADO DE ATENCION A LA VEZ,PARA SER CAPAZ DE DETENERNOS EN LA VIDA Y REVISAR NUESTRAS ACCIONES,FELICITACIONES SOS UN GENIO .
15 Mar
 
ALICIAescribió:
QUE BELLO ME ENCANTO, Y CUANTA VERDAD, TENEMOS QUE MEDITAR ANTES DE HACER LO QUE SENTIMOS, ESO ES...ESPEREO ME DEJEN UN ESPACIO PARA MI, YA VEO QUE ES MUY INTERESANTE Y ATRAPA ESATA PAGINA,,TENGO UNAS HISTORIAS MUY HERMOSAS. YA LA PUBLICO...BEZOTES TE FELICITO, YO HABIA PENSADO EN ALGO ASI PARA COMENTAR Y MANDAR LAS BELLAS HISTORIAS , QUE GUARDO , ASI QUE ME UNO A ESTA PAGINA,,GRACIAS,,EXITO, ..ALI...
12 Mar
 
Hola Japy me encanta estar de nuevo aqui.La verdad es que no vi ninguna actualización tuya.
Sabes???me recuerdas al Maestro jardinero.

Pienso que toda la vida debemos estar cultivando nuestro jardín,para que la mala hierba no crezca ni un poquito siquiera.
Y es tan díficil que gastamos muchas energía en ello,creo que casi todas energias.
Si en lugar de albergar en nuestro interior actitudes como la envidia,el egoismo,orgullo etc.diesemos amor sin mas...nuestro jardin tan solo tendriamos que regarlo para que todo lo bueno fluyese más rápido.
Nos entretenemos en aprender mucho del exterior para ser más listos y nuestro interior ni lo miramos.
Paciencia y humildad,que bellas palabras si supieramos rendirles el mayor tributo.

Mira tal vez no venga al caso,aunque si que le veo simil y por eso lo digo...
Hay personas mayores,que dicen:aaayyy cuanto me gustaria volver a ser joven y empezar de nuevo...ya no me engañarian tanto y viviria de otra forma y lo pasaria mejor..porque ahora los jovenes sabeis vivir.....
Mira me da una pena y una rabia escuchar eso.....nadie dice,he aprendido a ser mejor,y al empezar de nuevo daría todo lo mejor que llevo dentro de mi para hacer felices a los demás.
Bueno amigo como siempre me cuesta mucho escribir mis sentimientos y escribo muucho y no digo naaada jejjeje.
Que me alegra un monton tenerte de nuevo.
Un besito grande para ti.
9 Mar
 
liliana gomezescribió:
Realmente la historia?! es muy profunda. Es cierto que nosotros no reconocemos nuestras malezas, no es mi caso, muchas veces me doy cuenta que están empezando a crecer y sinceramente trato de cortarlas de raíz, pero con el tiempo me doy cuenta que alguna pequeña raíz quedó y ahí está otra vez, lo bueno es que las malezas no son tan grandes como antes. Gracias por hacernos reflexionar a través de este medio. Un abrazo
8 Mar
 
Paz Cerezoescribió:
Bonita historia de jardines interiores....Para poder armonizar los colores de nuestras flores, además de la consciencia, es decir darnos cuenta de nuestros actos y que no sean mecanicos, también yo pondría el conocimiento de uno mismo, indagar el motivo de nuestros orgullos, vanidades, egoísmo...porque la mayoria de las veces esas emociones ocultan otras tambien negativas.
Para embellecer nuestro jardín, estamos en la tierra....como bien dice la historia..

Un beso con sonrisa de colores... : )
8 Mar
 
liliana gomezescribió:
Gracias por esta historia llena de enseñanza, esperaré con paciencia la segunda parte. Un abrazo!!
3 Mar
 
Sin nombreescribió:
Hermosa primera parte de la historia.
Qué importante es tener bien claras las metas que se desean alcanzar, pero también los valores que las deben acompañar….. paciencia para triunfar….. y humildad para crecer
3 Mar
 
Alboradaescribió:
Echaba de menos tus historias... el gran arte de la paciencia y humildad... toda una lección...
Un petonet ( besito)
3 Mar

Vínculos de referencia (2)



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Por Nelson Guizzo - 11 de Junio, 2009, 21:44, Categoría: General
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El Libro de la Creacion - (El Sefer Yetzirah)

El Libro de la Creacion (El Sefer Yetzirah)

La Cábala está destinada a cada judío. Se cuenta que sobre el Sinaí fue revelada la Torá a Moisés y tal revelación obliga a los israelitas a conocerla. El mismo Maimónides incluye en sus prescripciones la obligación que tiene todo judío de instruirse, no sólo sobre la Torá, sino también sobre otros asuntos referidos a la Creación (Bereshit) y al carro (Mercavá).

El Sefer Yetzirá es el más importante de los libros místicos y es la transición entre el misticismo judío de Oriente y la Cábala europea. Es el libro filosófico más antiguo escrito en hebreo. Fue escrito en el siglo VIII y la tradición se lo atribuye a Abraham y también al rabí Akiva.

Los textos del Sefer Yetzirá no están completos y recién en el siglo XVIII fueron traducidos al inglés y al francés. Pero, a pesar que faltan muchos fragmentos, conserva un orden donde se pueden encontrar explicaciones acerca de las emanaciones del Creador, las Sefirot; sus principios morales y las interrelaciones entre las letras sagradas, el hombre y el universo.        
         El Sefer Yetzirá traza un paralelo entre el origen del mundo y las 22 letras del alfabeto hebreo; explica los "32 senderos sabios" que Dios creó entre el macro y el microcosmos.

Para la creación de los 32 senderos, Dios tuvo en cuenta tres palabras:
Sefar, que representa el cálculo, la letra considerada como cifra;
Sefer, la escritura, lo numerado;
Sipur, que expone la emisión de la palabra.

Así entendemos que todo comenzó con la Palabra, el Verbo, y según los cabalistas, para que este Verbo pueda ser pronunciado, el Creador lo talla en cinco regiones de la boca:

Garganta: Alef, Hei, Jet, Ain
Labios: Bet/Vet, Vav, Mem, Pei/Fei
Paladar: Guimel, Iod, Jaf/Kaf, Qof
Lengua: Dalet, Tet, Lamed, Nun, Tav
Dientes: Zain, Semej, Shin, Resh, Tzadi

Las Sefirot

Son emanaciones de Dios y simbolizan diez aspectos distintos del Creador, constituidos por diez círculos que revelan la multiplicidad de lo Uno, de su divinidad. Están representadas por los diez dedos de las manos, que reciben, durante la plegaria (con las palmas hacia arriba) la energía, la bendición del Todopoderoso.

El origen de la primera séfira está en el soplo que se llama Ruaj. En la segunda séfira se esculpieron las 22 letras del alfabeto sagrado. En la tercera surgió el agua. Luego, el agua hizo surgir la tierra y en la cuarta séfira apareció el fuego, en donde el Hacedor selló sus nombres: arriba, abajo, en el norte, en el sur, en el poniente, en el levante.

Las seis sefirot restantes indican los cuatro puntos cardinales y los dos polos. Las sefirot y las 22 letras forman un camino que es el intermediario entre la infinitud de Dios y la finitud del hombre.

En la primera séfira surge la Luz Divina. No se sabe cómo, pero sí que son emanaciones del pensamiento del Hacedor. En el Sefer Yetzirá se trata de explicar las luces de ese pensamiento: el Principio de los Atributos. Las sefirot actúan como vasos recolectores que recogen las sustancias absolutas de las cosas y nunca sufren alteraciones; pero que, al alejarse de la Fuente de Vida, pierden su brillo y su fuerza.


http://www.gnosisdemanhattan.com/revistavirtualsol.htm

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Por Nelson Guizzo - 11 de Junio, 2009, 21:00, Categoría: General
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Uruguay - Solsticio de invierno en Piriapolis

 
D E S C U B R E   L A   M A G I A
 
D E L 
 
S O L S T I C I O   D E   I N V I E R N O
 
E N
 
 P I R I À P O L I S
 
 
    DE LA MANO DE YARAVI ROIG,
    ESCRITORA DE LOS LIBROS:
 
SOLSTICIO DE VERANO
 
    Y CARMEN, VIDA MIA
 
    TEXTOS QUE NOS CUENTAN SOBRE
    LA VIDA DEL MISTERIOSO FUNDADOR
    DE HELIOPOLIS, LUEGO REBAUTIZADA
    POR LA PRENSA COMO PIRIAPOLIS
 
 
 
DOMINGO 21 DE JUNIO -
SALIDA DESDE MONTEVIDEO
 
1a Etapa
 
       Castillo de Piria -Reserva de fauna y restos
       del Antiguo Obrador-
       El mirador.  Iglesia vieja.  Rambla -
       Hotel Argentino y Colonia de Vacaciones  
       - Parte externa de ambos y parques.

2a etapa
 
      Stella Maris, su significación histótica y
      esotérica Triangulación con otros puntos
      de Piriápolis: Castillo y Fuente de Venus
      Significado de estos símbolos arcaicos y
      arquetípicos.
      El Árbol de la vida, simbolo escencial de
      la Kabbalah presente en toda la simbología
      La Fuente de Venus - su simbología y
      ejercicio espiritual de descarga y carga
      energética.
      La Catedral a Cielo Abierto:Cerro del toro ,
      sus monumentos y su simbología.
      Visita a La puerta, en Punta
      Colorada: Verdadera puerta dimensional 
      con la pentalfa grabada por la naturaleza
      en la roca viva.
 
Tiempo libre para almorzar con actividades personales
 
16 horas - Hotel Rivendel
       Charla introductoria a la Kabalá y la
       Alquimia desde la visión de Francisco Piria
 
18 horas -
       Meditación y celebración del Solsticio
       de Invierno.
       Haremos un fogón y quien tenga objetos
       a los que considera sagrados y quiera
       energizar con la fuerza del Solsticio puede
       traerlos, siempre que  sean pequeños.

   INFORMES Y RESERVAS:
   FABIANA ALONSO -CREATUR:
   8 DE OCTUBRE 3070 / 507 de
   14 A 18 HORAS al TEL 5091534 y 
   095 028 660

   SI SOLAMENTE DESEAS ASISTIRA A
   LA MEDITACION  y BRINDIS, 
   INFORMES CON YARAVI
   AL 099 106 718  y 0432 6586
 
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Por Nelson Guizzo - 11 de Junio, 2009, 20:58, Categoría: General
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URUGUAY - LILA WAKAN - Charla Eugeniio - Interpretacion Cosmobiologica


OK !!!
 
COMPARTO CON LOS HERMANOS SSS
 
nEL.
 

---------- Forwarded message ----------
From: Lia <narendra@adinet.com.uy>
Date: 10-jun-2009 8:54
Subject: Charla Eugeniio - Interpretacion cosmobiologica
To: Nelson Guizzo <guizzo.nelson@gmail.com>

 
HOLA NEL, LAS PROXIMAS ACTIVIDADES DE EUGENIO
TE LAS REENVIO.
Besos
 
 

De: Claudia Mesquita [mailto:kayala2012@gmail.com]
Enviado el: Monday, June 08, 2009 5:57 PM
Asunto: CHARLA GRATUITA CON Eugenio Area

 

LILA WAKAN CONSCIENCIA

Y CULTURA NATIVA

INVITA A LA

CHARLA GRATUITA CON

EUGENIO AREA

DE LA ASOCIACIÓN MUNDIAL DEL SABER

HORÓSCOPO - INTREPRETACIÓN COSMOBIOLÓGICA

LOS SIGNOS DEL ZODÍACO COMO ARQUETIPOS DE LA TOTALIDAD

 

DÍA 26 DE JUNIO, VIERNES, DE 19 A 21 HORAS

(EMPEZAMOS PUNTUALMENTE)

 

Toda interpretación correcta de un Esquema Natal, llamado también Horóscopo o Mapa Cosmobiológico,  obedece a un proceso mental definido, la extraordinaria  riqueza de contenidos que existen  en los Signos, Planetas y Casas, cuando sus combinaciones están efectuadas correctamente. También es necesario aclarar el sentido y las bases de los términos “esencia”, “individualidad” y “personalidad" que utilizamos en correspondencia con los Signos, Planetas y Casas.

SIGNO:   3 SIMBOLO (aspecto esencial), 2 EMBLEMA (aspecto interno), 1 SINTEMA (aspecto literal)

3) Espíritu esencia supra conciencia síntesis Signo; 2) Astral individual. Conciencia antítesis Planetas; 1) Físico personalidad inconsciencia tesis Casas

 

 Las Casas son las circunstancias de la existencia, los Planetas son el modo de afrontar esas circunstancias y los Signos son la matriz de donde emana la fuerza:

•         Por lo tanto, si el ser humano es la suma de la Personalidad, Individualidad y Esencia y el Esquema natal está estructurado por Casas, Planetas y Signos, es lógico afirmar que el Esquema Natal, llamado también Horóscopo. Tema Astral, Mapa Cosmobiológico, etc.- está literalmente, posibilidad de la comprensión del concepto de TOTALIDAD y de cómo se aplica en el ser humano.

•         Los 12 Signos del Zodíaco son fuerzas arquetípicas y constituyen el aspecto más importante del Esquema Natal pues tanto los Planetas como las Casas están subordinadas a su poder.

YA QUE LOS CUPOS SON LIMITADOS es favor confirmar asistencia al 696-6892

O al mail de contacto!

 

 

 

 

 

Lila Wakan Consciencia y Cultura Nativa

Demir, M 24, S 6, Médanos de Solymar

Canelones - UY

15007

 

696-6892

Kayala 099 793150

Tupakumai 099238047

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Por Nelson Guizzo - 10 de Junio, 2009, 21:12, Categoría: General
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Objetivos Claros

 
Tener un objetivo claro y
ponerlo por escrito,
a prueba de adversidades
 
 
En uno de sus libros Napoleon Hill nos cuenta la historia de un periodista
que ganaba un sueldo mediocre y algo o alguien le reveló la verdad sobre
el éxito y gracias a ello experimentó un despertar en su vida.
 
Fue así como decidió estudiar derecho y convertirse en el “mejor abogado
de propiedad intelectual del país”. Gracias a esa determinación tan fuerte
y tan clara, logró terminar sus estudios en tiempo récord, comenzó a trabajar
desde el principio recibiendo los casos más difíciles.
 
Su reputación creció y en pocos años logró su objetivo.
 
En el último boletín compartí con mis lectores una frase de Napoleon Hill
que dice
 
  “La definición de un objetivo claro vuelve obsoleta la palabra imposible”,
es lo mismo y ya que tocamos este tema les cuento que este es el punto
clave y central del libro “Piense y hágase Rico”, ese punto que dice Hill
al principio que no lo va a revelar explícitamente pero que cualquiera que
leyera su libro con atención al final debería tenerlo muy claro ya.
 
Hay una cosa que es muy cierta, si se le preguntara a un grupo de 100
personas cuál es su objetivo en la vida, más de 90 contestarían con
vaguedades o con frases como “ser feliz” por ejemplo.
 
Pocas personas pueden dar una respuesta muy concreta como por ejemplo
“ser el propietario de la más grande juguetería de mi país, vivir de ello y
de esta manera sentirme realizado como persona productiva”.
 
¿Tú puedes definir tus metas y objetivos laborales/económicos de manera
clara?
Es increíble como las personas esperamos tanto de la vida y anhelamos
siempre más, estamos inconformes, muchas veces frustrados ¡pero no sabemos
con exactitud qué es lo que realmente queremos! Dinero todo el mundo desea,
pero es el cómo vamos a obtener ese dinero lo que importa, ¿tenemos tan
poca confianza en nuestras capacidades que ni siquiera lo intentamos o es que
damos por descontado que hacer dinero es algo exclusivo de un grupo de personas
del cual estamos lejos?
 
El primer paso entonces para hacer dinero y realizarnos laboral y económicamente
es tener muy claro de qué manera pensamos obtener nuestra libertad financiera.
 
El segundo es, por supuesto, la acción.
 
El tercero, la perseverancia.
 
Nunca estaré suficientemente agradecida con Napoleon Hill !!!
 
 
 
                                                                                          *   *   *
 
 

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Por RainmakerCAV - 10 de Junio, 2009, 18:54, Categoría: General
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Herman Hesse - Cuento: El Fabricante de Lluvias


 El Hacedor De La Lluvia,
Hermann Hesse
 
Fue hace muchos miles de años, y las mujeres estaban en el poder: en la tribu y en la familia se rendía respeto y obediencia a la madre y a la abuela; en los nacimientos valía mucho más una niña que un varoncito.
En el pueblo había una mujer de abolengo, de ciento y más años de edad, reverenciada y temida por todos como una reina, aunque desde que se recordaba, sólo rara vez movía un dedo o pronunciaba una palabra.
 
Muchos días estaba sentada a la entrada de su chota, con un séquito de parientes serviciales alrededor, y llegaban las mujeres del villorrio a rendirle pleitesía, a contarle sus cuitas, a mostrarle sus hijos y pedirle la bendición; venían las embarazadas y le pedían que les tocara el cuerpo y les diera los nombres para el esperado. La gran abuela imponía a veces la mano, a veces asentía con la cabeza o la meneaba o permanecía inmóvil.
 
Rara vez decía una palabra; estaba allí, sentada, y reinaba; estaba sentada y tenía el cabello blanco amarillento en delgadas crenchas alrededor de la noble cara correosa, de lejano mirar; estaba sentada y recibía homenajes, regalos, pedidos, noticias, informes, denuncias; estaba sentada y todos la conocían como madre de siete hijas, como abuela y tatarabuela de muchos nietos y tataranietos; estaba sentada y tenía en los rasgos profundamente arrugados y detrás de la frente morena la sabiduría, la tradición, el derecho, la moral y el honor de la aldea.
Fue una tarde de la primavera, un día nublado y tempranamente anochecido. Ante la choza de barro de la gran abuela no estaba ella sentada, estaba su hija, que era apenas un poco menos canosa y digna y tampoco mucho más joven que la primera.
 
Estaba sentada, descansando; su asiento era el umbral de la choza, una piedra chata, cubierta con una piel cuando hacía frío, y afuera, en amplio semicírculo se revolvían en el suelo, en la hierba o en la arena un par de niños y estaban acurrucados unos jovencitos y algunas mujeres; estaban allí todas las tardes que no lloviera o helara, porque querían oír a la hija de la gran abuela contar historias o cantar sentencias.
 
Antes, lo hacia la misma gran abuela, pero ahora era demasiado vieja y muy poco comunicativa, y en su lugar estaba allí acuclillada la hija y contaba, y como había recibido las historias y las sentencias de la tatarabuela, tenia de ella también la voz, la figura de ella, su calma dignidad en el porte, los gestos y la palabra, y los oyentes más jóvenes la conocían más a ella que a su madre y casi ya no sabían que ella estaba allí sentada en lugar de la otra y trasmitía las historias y la sabiduría de la tribu.
 
De sus labios fluía por las tardes la linfa del saber, ella guardaba bajo sus canas el tesoro de la raza, detrás de su alta frente suavemente arrugada conservaba los recuerdos y el espíritu de la colonia. Si alguien sabía algo y conocía proverbios e historias, era por ella. Fuera de ella y de la gran anciana, había solamente una persona en la tribu que sabía, pero que permanecía más oculto, un hombre misterioso y muy callado, el que hacía la lluvia y el buen tiempo.
Entre los oyentes se acomodaba también el niño Knecht y a su lado una niñita que se llamaba Ada. Él quería a esta niña y la acompañaba a menudo y la defendía, no por amor realmente, porque nada sabía de amor aún, sino porque era la hija del hacedor de la lluvia.
 
Knecht veneraba y admiraba mucho al hacedor de la lluvia; después de la abuela y su hija, a nadie como a él. Pero las otras eran mujeres. Se podía venerarlas y temerlas, pero no se podía tener una idea ni acariciar el deseo de ser lo que ellas eran.
 
El hacedor de la lluvia era un hombre poco accesible; no era fácil que un niño pudiera estar cerca de él; había que dar rodeos y uno de estos rodeos para llegar a él era el cuidado que Knecht tenía por su hija.
 
La iba a buscar cuantas veces podía a la choza, algo alejada, del hacedor de la lluvia, para sentarse por la tarde delante de la cabaña de la anciana y escucharla contar cosas; y ahora estaba allí acurrucado entre la oscura multitud y escuchaba.

 

 
La anciana contaba hoy cosas del pueblo de las brujas. Decía: —A veces, en un pueblo hay una mujer de mala clase y tiene mala espina a todo el mundo. Casi siempre, estas mujeres no tienen hijos. A veces, una de esas mujeres es tan mala que el pueblo no la quiere en su ruedo.
 
Entonces se busca la mujer de noche, se encadena a su marido, se castiga a la mujer con varas y luego se la lleva lejos en el bosque, entre pantanos, se la maldice y allí se la deja. Se quitan luego las cadenas al hombre que, si no es muy viejo, puede unirse con otra mujer.
 
Pero la desterrada, si no muere, vaga por los bosques y los pantanos, aprende la lengua de los animales, y cuando ha vagado mucho, encuentra un día un pequeño pueblo, que se llama el pueblo de las brujas. Allí están todas las mujeres malas que han sido echadas de sus pueblos, se han reunido y formado un pueblo propio.
 
Allí viven, hacen maldades y hechizos y, como no tienen hijos, seducen preferentemente a niños de los pueblos buenos y cuando un pequeño se pierde en el bosque y no regresa más, tal vez no se ha ahogado en el pantano o no ha sido despedazado por el lobo, sino que ha sido atraído por una bruja y llevado por ella al pueblo de las brujas. En la época en que yo era pequeña y mi abuela la mujer más vieja de la villa, una muchachita fue con las otras a un gramal y recogiendo frutillas se cansó y se durmió; era muy pequeña y los helechos la cubrían.
 
Los otros niños siguieron su camino y no la vieron y, sólo cuando regresaron al pueblo y ya era de noche, advirtieron que la chiquilla no estaba más con ellos. Enviaron a unos jóvenes, que la buscaron y la llamaron a gritos en el bosque, hasta que anocheció; entonces volvieron: no la habían encontrado. Pero la chiquilla, después de dormir bastante siguió caminando y caminando por el bosque. Y cuanto más se asustaba, más corría, pero ya hacía mucho que no sabía dónde estaba y sólo siguió corriendo hacia adelante, lejos de la aldea, hasta donde nadie estuvo nunca.
 
Al cuello llevaba colgado de un cordón un colmillo de jabalí, su padre se lo había regalado; lo trajo de una excursión de caza y a través del diente con un guijarro puntiagudo hizo un agujero, para poder pasar el cordón, y antes coció tres veces en sangre de jabalí ese diente, cantando buenas palabras, y aquel que llevara ese colmillo estaba protegido contra muchos maleficios.
 
Entonces salió de entre los árboles una mujer: era la bruja; puso una cara dulce y dijo: “Te saludo, bella niñita; ¿te has extraviado? Ven conmigo, te llevaré a casa”.
 
La niña se fue con ella. Pero recordó lo que le habían dicho sus padres: que no debía mostrar nunca a un extraño el diente de jabalí, por eso mientras caminaba, lo sacó del cordón y lo metió en la cintura. La extraña mujer corrió con la niña muchas horas; era ya de noche, cuando llegaron a un pueblo, pero no era nuestro pueblo, sino el de las brujas. La chiquilla fue encerrada en un oscuro establo, pero la bruja se fue a dormir en su choza.
 
A la mañana la bruja dijo: “¿No tienes contigo un colmillo de jabalí?” La niñita dijo que no, que había tenido uno, pero lo había perdido en el bosque y mostró su cordón de cuero, sin el diente. Entonces la bruja tomó una vasija de piedra que contenía tierra y en la tierra crecieron tres hierbas. La niña miró la hierba y preguntó qué era eso. La bruja indicó la primera hierba y dijo:
 
“Ésta es la vida de tu madre”. Luego señaló la segunda y dijo: “Ésta es la vida de tu padre”. Después indicó la tercera y dijo: “Y ésta es tu propia vida. Mientras estas hierbas sean verdes y crezcan, estaréis con vida y salud. Si una se marchita, enferma aquel a quien corresponde. Si es arrancada, como ahora arrancaré una yo, morirá aquel a quien la planta se refiere”.
 
Ella tomó con los dedos la planta que representaba la vida de su padre y comenzó a tirar de ella, y cuando hubo tirado un poco apareció un trozo de la blanca raíz, la planta lanzó un profundo suspiro...
Cuando oyó estas palabras la niñita acuclillada al lado de Knecht, se puso de pie de un salto, como mordida por una serpiente, lanzó un grito y huyó corriendo todo lo que podía. Había luchado mucho con la angustia que le causaba esa historia, pero ya no pudo resistir. Una anciana sé rió. Otras oyentes tenían tanto miedo como la pequeña, pero resistieron y se quedaron sentadas.
Mas Knecht, apenas despertó del sueño del oír y de la ansiedad, salió corriendo detrás de la niña. La abuela siguió contando.
El hacedor de la lluvia tenía su choza cerca del estanque del pueblo; en esa dirección buscó Knecht a la fugitiva. Trató de atraerla con un murmullo cautivante y tranquilizador, cantando y silbando, con una voz parecida a la de las mujeres cuando tratan de atraer a los pollos, dulce, estirada, calculada para hechizar.
 
“Ada”, llamaba y cantaba: “Ada, Adita ven, Ada, no temas, soy yo, yo, Knecht”. Y así cantaba y cantaba y antes de oír o ver nada de ella, sintió de repente la manita de la niña suave apretar la suya. Se había quedado en el camino, con las espaldas apoyadas en la pared de su choza, y lo había esperado hasta que le llegó su llamada. Respirando aliviada se junto con él que le parecía grande y fuerte, ya todo un hombre.
—¿Tuviste miedo, verdad? —le preguntó—. No hay razón, nadie te hace daño, todos quieren a Ada. Ven, iremos a casa.
Ella siguió temblando todavía y sollozó un poco, pero ya estaba más tranquila y luego lo acompañó agradecida y llena de confianza.
 
 
De la puerta de la cabaña salía el parpadeo de una débil luz rojiza; el hacedor de la lluvia estaba dentro inclinado sobre el hogar; en sus cabellos sueltos había un resplandor claro y rojizo; tenía encendido el fuego y cocinaba algo en dos pequeñas vasijas. Antes de entrar con Ada, Knecht miró desde afuera curioso unos instantes; vio en seguida que no era comida lo que se cocía, eso se hacía utilizando otras vasijas y además era muy tarde ya. Pero el hacedor de la lluvia ya lo había oído.
—¿Quién está en la puerta? —preguntó—. ¡Adelante, adelante! ¿Eres tú, Ada?
Colocó la tapadera sobre sus vasijas, las rodeó de brasas y ceniza y se volvió.
Knecht seguía atisbando los misteriosos recipientes; se sentía curioso, temeroso y confundido, como todas las veces que entraba en la choza. Lo hacía cuantas veces le era posible, inventaba oportunidades y pretextos para ello, pero siempre sentía la sensación de cosquilleo y advertencia de la ligera cohibición, en la que se mezclaba el miedo luchando con una gozosa curiosidad y una extraña alegría. El anciano debió haber notado que Knecht lo seguía desde hacía mucho tiempo y se le aparecía cerca en todas partes donde éste creía encontrarlo: el niño seguía su huella como un cazador y le ofrecía calladamente su ayuda y su compañía.
Turu, el hacedor de la lluvia, lo miró con los claros ojos de ave de rapiña.
—¿Qué quieres aquí? —le preguntó fríamente—. No es ésta hora para visitas en las cabañas ajenas, jovencito.
—Acompañé a Ada, maestro Turu. Ella fue a ver a la gran abuela, oímos contar historias de las brujas y de pronto se asustó y gritó; por eso la acompañé.
El padre se volvió hacia la pequeña.
—Eres una coneja miedosa, Ada. Las niñas inteligentes no deben temer a las brujas. Y tú eres una chiquilla inteligente, ¿verdad?
—Ciertamente. Pero las brujas tienen sus malas artes y si no se lleva un colmillo de jabalí...
—¡Oh! ¿Quisieras tener un diente de jabalí? Veremos... Pero yo sé algo mejor aún. Conozco una raíz que te traeré; hay que buscarla en otoño y arrancarla; protege a las muchachitas inteligentes contra todo sortilegio y aun las hace más hermosas.
Ada sonrió y se alegró, ya estaba tranquila desde que tuvo a su alrededor el olor de la choza y un poco de resplandor del fuego. Ingenuamente, Knecht preguntó:
—¿No podría ir yo en busca de la raíz? Tú me ladescribes...
Turu entrecerró los ojos.
—Eso quisiera saberlo más de un joven —dijo, pero su voz no era rechazante, sino apenas burlona—. Hay tiempo para ello. Tal vez en otoño ...
Knecht se retiró, desapareciendo en dirección a la casa de los niños donde dormía. No tenía padres, era un huérfano, por eso sentía el hechizo de Ada y de su cabaña.
El hacedor de la lluvia no gustaba de hablar mucho; tampoco oía con placer que otros hablaran. Muchos le tenían por milagrero, muchos por hosco. No lo era. Sabia siempre de lo que ocurría a su alrededor más de lo que se creía, dada su distracción de sabio y ermitaño. Entre otras cosas, sabía exactamente que este Knecht, un poco molesto, pero hermoso y además muy inteligente, corría siempre tras él y le observaba; lo había notado desde el principio y ya hacía un año o más. Sabía también exactamente lo que eso significaba. Mucho para el joven y mucho también para él, ya anciano. Significaba que este mozuelo estaba enamorado del arte del tiempo y las lluvias y deseaba ardientemente aprenderlo. Siempre había en la colonia un niño así.
 
Algunos se asustaban y descorazonaban fácilmente, otros no, y él ya había tenido a dos de ellos un año como alumnos y aprendices; se habían casado luego en otros pueblos alejados y allí se habían convertido en hacedores de lluvia o recolectores de hierbas; desde entonces, Turu se había quedado solo y si volvía a aceptar alguna vez a un aprendiz, lo haría solamente para tener un sucesor. Había sido siempre así, y así era correcto y no podía ser diversamente: siempre aparecía un niño inteligente y se acercaría al hombre y correría detrás de él, viendo que dominaba magistralmente su oficio.
 
Knecht estaba bien dotado, tenía lo que se necesita y poseía algunos rasgos que lo recomendaban: ante todo la mirada inquisitiva, aguda y al mismo tiempo ensoñadora, la reserva y el silencio en su modo de ser, y en la expresión de la cara y en la cabeza algo de olfateador, de adivino, de despierto, atento a los ruidos y a los olores, algo de pájaro y de cazador. Ciertamente, de este niño podía surgir un anunciador del tiempo, tal vez hasta un mago; servía.
 
Pero no había prisa para eso, era muy joven todavía y no era necesario en absoluto mostrarle que se le reconocía, no se debía hacerle nada demasiado fácil, no debía ahorrársele camino. No sería malo para él asustarle, sacudirle, desanimarle, intimidarle. Podía esperar y servir, debía deslizarse en torno de él y conquistarle.
Knecht caminaba lentamente hacia el pueblo, mientras caía la noche, bajo un cielo nublado con dos o tres estrellas apenas; estaba satisfecho y agradablemente excitado. La colonia no conocía nada de los goces, las bellezas y finuras que hoy son tan naturales e indispensables y se dan también a los más pobres; no conocía la cultura ni las artes, no sabía de otras cosas que las torcidas chozas de barro, nada de instrumentos de hierro y acero, de cosas como el trigo o el vino; inventos como la vela o la lámpara hubieran sido para los hombres de entonces milagros luminosos.
 
Pero la vida de Knecht y su concepción del mundo no eran por eso menos ricas; el mundo lo rodeaba como misterio infinito y libro de imágenes; de él cada nuevo día conquistaba otro pequeño trozo, desde la vida animal y la de las plantas hasta el firmamento, y entre la naturaleza muda y misteriosa y su alma aislada, viva en su temeroso pecho de niño, existía todo el parentesco, la tensión, la angustia, la curiosidad y el deseo de posesión de que es capaz el alma humana.
 
Si en su mundo no había saber escrito, ni historia, ni libros, ni alfabeto, si era para él desconocido e inalcanzable todo aquello que estuviera a más de tres o cuatro horas de su villorrio, en cambio convivía total y perfectamente con lo suyo, con su pueblo. El villorrio, la patria, la comunidad de la tribu con la dirección de las madres, le daba todo lo que puede dar a un ser humano su pueblo, su Estado; un suelo lleno de mil raíces, en cuyo tejido él mismo era una fibra y participaba de todas.
Caminaba lentamente, satisfecho; el viento nocturno susurraba entre los árboles y crujía ligeramente; había olor a tierra mojada, a juncos y barro, a humo de leña verde aún, un olor grasoso y dulzón que más que otro significaba la patria, y al final, cuando se fue acercando a la cabaña de los niños, olía a ella, a niños, a cuerpos humanos jóvenes.
 
Callado se arrastró debajo de la cortina de juncos en la oscuridad cálida y llena de respiración, se tiró en la paja y pensó en la historia de las brujas, en el colmillo de jabalí, en Ada, en el hacedor de la lluvia y sus pequeñas vasijas en el hogar, hasta que se durmió.
Turu ayudó muy lentamente al niño, no le allanó el camino. Pero el jovencito estaba siempre a su vera, seguía al anciano y él mismo no sabía cómo. A veces, cuando Turu colocaba una trampa en algún lugar en lo más oculto del bosque, del pantano o del matorral, olía el rastro de un animal, arrancaba una raíz o recogía semillas, podía sentir de pronto la mirada del muchacho que lo seguía, callado e invisible, horas enteras y le acechaba.
 
A veces hacía como si no lo advirtiera, a veces refunfuñaba y echaba descortés al perseguidor, pero a veces también le hacía señas de que se acercara y lo dejaba todo el día a su lado, le encomendaba algún servicio, le mostraba esto y aquello, lo hacía pensar, lo ponía a prueba, le decía los nombres de las hierbas, le hacía traer agua o encender el fuego, y para cada labor conocía maneras, ventajas, secretos y fórmulas, que enseñaba al muchacho, imponiéndole el secreto más cuidadoso. Y finalmente, cuando Knecht fue más grandecito, lo tomó consigo, lo reconoció como aprendiz, llevándole del dormitorio de los niños a su choza. Con eso el joven Knecht estaba señalado ante todo el pueblo; no era más niño, sino aprendiz del hacedor de la lluvia y esto quería decir que si perseveraba y servía, sería su sucesor.
Desde el momento en que Knecht fue llevado por el anciano a su choza, cayeron entre ellos todas las barreras, no ciertamente la de la obediencia y del respeto, pero sí la de la desconfianza y la reserva. Turu se había rendido, se había dejado conquistar por la corte constante de Knecht; ahora sólo quería hacer de él un buen hacedor de lluvia y sucesor en todo.
 
No dio para esta instrucción ni ideas, ni doctrinas, ni métodos, ni escritos o números, sólo muy pocas palabras; fueron más los sentidos de Knecht que su inteligencia los que educó el maestro.
 
Se trataba no sólo de administrar y ejercer un gran tesoro de tradición y experiencia, todo el saber del hombre de entonces acerca de la naturaleza, sino también de trasmitirlo. Ante el joven se fue abriendo lentamente, en claridad creciente, un intrincado sistema de experiencias, observaciones, instintos y hábitos de investigación; casi todo esa no podía expresarse con palabras, casi todo debía ser sentido, aprendido y examinado por los sentidos.
Base y centro de esta ciencia era la noción de la luna, sus fases y sus influjos, de cómo crecía periódicamente y periódicamente desaparecía, poblada por las almas de los muertos, dispuesta siempre a enviarlas a un nuevo nacimiento, para dejar lugar a otros muertos.
 
En forma parecida a la de aquella tarde con su ida desde la recitadora de fábulas a las vasijas en el hogar del anciano, se grabó en la memoria de Knecht una hora entre la noche y la mañana, cuando el maestro le despertó un rato después de la medianoche y salió con él en la profunda oscuridad, para mostrarle la última salida de la luna menguante. Se quedaron —el maestro en callada inmovilidad, el joven un poco asustado y con frío por la falta de sueño— largo tiempo sobre la colina boscosa en la saliente de una roca, hasta el momento preanunciado por el maestro, cuando la delgada luna, apenas una curva delicadamente trazada, apareció en la forma e inclinación por él descritas. Knecht miró temeroso y hechizado el astro que subía lentamente; se elevaba suavemente, nadando entre tinieblas de nubes hacia una clara isla del cielo.
—Muy pronto, su figura cambiará y volverá a crecer: será entonces el momento de sembrar el alforfón —dijo el hacedor de la lluvia, mientras contaba con los dedos los días que faltaban.
 
Luego se hundió otra vez en el silencio de antes; como si hubiera quedado solo, Knecht se quedó acuclillado sobre la briosa piedra; temblaba de frío; desde lo más hondo del bosque llegaba el grito largo de un mochuelo. Mucho meditó el anciano, luego se puso de pie, posó su mano en el cabello de Knecht y dijo en voz queda, como si hablara en un ensueño:
—Cuando muera, mi espíritu volará a la luna. Serás un hombre y tendrás mujer; mi hija Ada será tu esposa. Si tiene un hijo tuyo, mi espíritu volverá y habitará en vuestro hijo y lo llamarás Turu, como yo me llamo Turu.
El aprendiz escuchó asombrado, no se atrevió a decir palabra; la delgada hoz de plata subía y estaba ya cubierta en parte por las nubes.
Milagrosamente, el jovencito tuvo una intuición de muchas relaciones y enlaces, repeticiones y cruzas entre las cosas y los sucedidos; milagrosamente, se encontró como espectador y aun colaborador delante de este extraño cielo nocturno, en el cual, por encima del bosque sin fin y las colinas, había aparecido netamente delineada la delgada hoz, exactamente anunciada por el maestro; el maestro se le apareció maravilloso, envuelto en mil misterios, al pensar en su muerte, al pensar que su espíritu viviría en la luna y volvería de ella para reencarnar en un ser humano, que seria hijo de Knecht y debía llevar el nombre del que fue su maestro ...
 
El futuro y el destino parecían maravillosamente abiertos y por trechos transparentes como el cielo nublado, allí ante él, y supo que era posible saber de ellos y nombrarlos y hablar a su respecto; le pareció gozar de una vista en infinitos espacios, llenos de maravillas y, al mismo tiempo, de orden. Por un instante todo le pareció accesible al espíritu, todo cognoscible y acechable, el ligero y seguro paso de los astros allá arriba, la vida de los hombrea y los animales, sus asociaciones y sus enemistades, sus movimientos y sus luchas, todo lo grande y todo lo pequeño, junto con la muerte oculta en cada ser viviente; todo esto vio o sintió en un primer terror de presentimientos, como un conjunto, y él mismo encuadrado y absorto en él, como en un mundo de orden, regido por leyes, accesible a la inteligencia.
 
Era el primer presentimiento de grandes secretos, de su dignidad y profundidad, como también de la posibilidad de conocerlos, y esto conmovió al jovencito en esa frescura de la selva nocturna y casi matinal, sobre la roca asomada a las mil cimas murmurantes como manos espectrales.
 
No pudo hablar de aquello, ni entonces ni en toda su vida, pero debió pensar en aquello muchas veces; esa hora y su vivencia estarían siempre presentes en su largo aprender y experimentar: “Piensa —le advertía—, piensa que existe todo eso, que entre la luna y tú y Turu y Ada pasan rayos y corrientes, que hay la muerte, y el país de las almas, y el retorno de él, y que para todas las imágenes y los fenómenos del mundo hay en el fondo de tu corazón una respuesta, y que todo te concierne y de todo debes saber cuanto es posible que sepa un ser humano”.
 
Así, más o menos, habló aquella voz. Era la primera vez que Knecht percibía tan clara la voz del espíritu, su seducción, su incitación y su mágica influencia cautivante. Había visto vagar por el cielo muchas lunas ya y oído a menudo el grito nocturno del mochuelo, y de labios del maestro, aunque fuera tan parco en palabras, había escuchado muchos relatos de antiguo saber o solitaria reflexión; pero hoy eso era nuevo y diverso, era la intuición del todo que surgía en él, el sentido de las conexiones y relaciones, del orden, en fin, que lo implicaba también a él y lo hacía corresponsable. Aquel que tuviera la llave para ello, no debía solamente reconocer un animal por su rastro, una planta por sus raíces y sus semillas; debía abarcar el conjunto del universo, las estrellas, los espíritus, los hombrea, los animales, las medicinas y los venenos, todo, y por cada parte y cada signo saber de lo restante. Había buenos cazadores que conocían mejor que otros lo que decían una huella, una ligadura, un pelo o un residuo; sabían por un par de pelillos no sólo de qué clase de animal procedían, sino también si ese animal era viejo o joven, macho o hembra. Otros adivinaban el tiempo que haría al día siguiente por la forma de una nube, un olor en el viento, la manera de conducirse y de ser de los animales y las plantas; su maestro era insuperable en esto y casi infalible. Otros a su vez poseían una innata habilidad: había chiquillos que podían voltear con una piedra un pájaro a treinta pasos de distancia; no habían aprendido a hacerlo, sabían hacerlo simplemente, eso ocurría sin esfuerzo, por magia o gracia; de sus manos la piedra volaba por sí misma, la piedra debía dar en el blanco y el pájaro quería ser alcanzado. Y había quienes podían predecir el futuro: si un enfermo debía morirse o no, si una embarazada tendría niño a niña; la hija de la gran abuela era famosa por eso y también el hacedor de la lluvia —se decía— dominaba esa ciencia. En la gigantesca red de las conexiones, debía existir —le pareció en ese momento a Knecht— un centro en el cual se podía ver y casi leer como en un libro todo lo pasado y lo futuro, todo. El saber debía fluir hacia quien se hallara en ese centro, como corre el agua al valle, la liebre a la berza; su palabra debía golpear aguda e indefectiblemente, como la piedra lanzada por la mano del buen tirador; gracias al espíritu, él debía reunir en si y dejar actuar cada uno de estos admirables dones, cada una de estas nobles facultades: ¡entonces sería el hombre perfecto, sabio, insuperable! Ser como el maestro, acercársele, ir hacia él: tal era el camino de los caminos, la meta; eso prestaba consagración y sentido a una existencia. Algo así debió sentir, y todo lo que tratemos de decir de él en nuestra lengua que él no comprendería ni conocería, nada puede explicarnos acerca del estremecimiento y el ardor de sus vivencias. El levantarse en la noche, el ser guiado a través del bosque oscuro y silencioso, lleno de peligro y misterio, el aguardar allá arriba sobre la roca en la fría madrugada, el aparecer del delgado espectro lunar, las parcas palabras del sabio, el estar solo con el maestro en una hora extraordinaria, todo eso fue vivido y guardado por Knecht como una gloría, como un misterio, como fiesta de la iniciación, como aceptación en una liga, en un culto, en una relación de servidumbre honrosa con lo innombrable, con el misterio del universo. Esta vivencia y muchas cosas parecidas no podían convertirse en palabras ni en ideas siquiera, y más ajeno e imposible que cualquier otro pensamiento hubiera sido tal vez éste: “¿Soy yo quien crea esta aventura anímica o se trata de realidad objetiva? ¿Siente el maestro lo mismo que yo o se ríe de mi? ¿Son mis pensamientos en esta vivencia algo nuevo, propio, unívoco, o vivió y pensó exactamente lo mismo alguna vez el maestro o alguien antes que él?” No, no había estas lagunas ni estas diferenciaciones, todo era realidad, todo estaba impregnado y colmado de realidad como la masa del pan se colma de levadura. Nubes, luna y cambiante escenario celeste, suelo de piedra caliza húmedo y frío bajo los pies desnudos, aguanoso helado rocío fluyente en la pálida atmósfera nocturna, reconfortante olor de patria, olor a humo de hogar y a paja, conservado por la piel con que se cubría el maestro, tono de dignidad y eco leve de vejez y aceptación de la muerte en su voz ruda, todo era más que real y penetraba casi violentamente en los sentidos del jovencito. Y para los recuerdos las impresiones sensorias son una honda capa de tierra más fértil que los mejores sistemas, los más complicados métodos del pensar.
El hacedor de la lluvia era uno de los pocos que ejercían una profesión y habían elaborado por sí mismos un arte o una capacidad especial, pero su vida de cada día, exteriormente, no era muy diferente de la de los demás. Era un alto funcionario y gozaba de aprecio, recibía regalos y honorarios de la tribu, cuantas veces obrara para la comunidad, pero esto ocurría solamente en ocasiones especiales. Su función más importante, cabalmente, y más solemne, que se consideraba sagrada, era la de fijar el día de la siembra en la primavera para toda clase de fruto o hierba; lo hacía teniendo en cuenta exactamente el estado de la luna, en parte de acuerdo con reglas heredadas, en parte según su propia experiencia. Pero el acto solemne de la iniciación de la siembra, la suelta del primer puñado de grano o semilla en la tierra colectiva, ya no correspondía a sus funciones; ningún varón tenía rango tan elevado; esa ceremonia se realizaba todos los años por la gran abuela o sus parientes más viejas. El maestro era la persona más importante del pueblo en los casos en que actuaba realmente como hacedor de lluvia. Esto ocurría cuando una larga sequía, la humedad y las heladas caían sobre los campos, amenazando a la tribu con el hambre. Entonces Turu debía emplear los recursos contra la aridez y la esterilidad: sacrificios, conjuros, rogativas. Según la tradición eso se realizaba cuando, por una sequía persistente o por lluvias interminables, fracasaban los otros medios y no se lograba aplacar a los espíritus con fórmulas, imploraciones o amenazas; existía un último extremo recurso, infalible, que en las épocas de las madres y las abuelas parece haber sido empleado a menudo: el sacrificio del mismo hacedor de la lluvia a manos de la comunidad. La gran abuela, se decía, contempló eso con sus propios ojos.
 
Además del cuidado del tiempo, el maestro tenía una suerte de práctica privada, como conjurador de los espíritus, fabricante de amuletos y objetos mágicos y, en ciertos casos, como médico, si esa función no estaba reservada a la gran abuela. Por lo demás, sin embargo, el maestro Turu vivía la vida de cualquier otro varón. Cuando le correspondía el turno, cultivaba con su grupo la tierra colectiva y cerca de la choza tenía su pequeña huerta propia. Cosechaba frutas, hongos y leña y los almacenaba. Pescaba y cazaba y tenía una o dos cabras. Como agricultor era igual a los demás, pero no como cazador, pescador y herbolario; en eso era único y genial y tenía fama de conocer una infinidad de tretas, habilidades, ventajas y recursos naturales y mágicos. Ningún animal, se decía, caído en una trampa de mimbre tejida por él podía escaparse; sabía tornar olorosos y gustosos con una preparación especial cebos o carnadas para la pesca; conocía el arte de atraer a los cangrejos y había gente que creía que entendía también la lengua de los animales. Pero su campo particular de acción era el de su ciencia mágica: la observación de la luna y las estrellas, el conocimiento de los signos meteorológicos, la presciencia del tiempo y el momento de las cosechas, la realización de todo aquello que sirviera como recurso de influencias mágicas. Sobresalía, pues, como conocedor y recolector de cosas del mundo vegetal y animal que podían servir como remedios o venenos, como objetos de hechizo, bendición y protección contra el hado. Conocía y encontraba cualquier hierba, aun la más rara, sabía dónde y cuándo florecía y maduraba en semillas, cuándo era el momento de arrancar sus raíces. Conocía y encontraba toda clase de serpientes y escuerzos; averiguaba cosas empleando cuernos, pezuñas, uñas y pelos; sabía valerse de rarezas, deformidades, formas espectrales y aterrorizantes, de nudos, excrecencias y verrugas de la madera, de las hojas, los granos, las nueces o la cornamenta y las uñas.
Knecht debió aprender más con los sentidos, el pie y la mano, los ojos, el tacto, el oído y el olfato que con la mente, y Turu le enseñó más con el ejemplo y la labor que con palabras y doctrinas. Muy rara vez el maestro hablaba siquiera razonando, y aun en ese caso las palabras eran un intento para explicar sus ademanes tan impresionantes. El saber de Knecht era muy poco diferente de aquel que adquiere un joven cazador o pescador con un buen maestro y le daba gran satisfacción porque aprendía solamente lo que ya había en él. Aprendió a espiar, a acechar, a acercarse arrastrando, a observar, a estar alerta, despierto, a oliscar y rastrear; pero los animales que acechaban él y su maestro, no eran solamente el zorro y el tejón, la nutria, y el sapo, el pájaro y el pez, tino también el espíritu, el todo, el sentido, la relación. Ellos se ocupaban en determinar el tiempo huidizo y caprichoso, en reconocerlo, adivinarlo y predecirlo; en conocer la muerte escondida en las bayas y en la mordedura de las serpientes, en sorprender el misterio por el cual nubes y tormentas dependían del estado de la luna y aun influían en la simiente y el crecimiento, cómo actuaban determinando la prosperidad y la ruina en la vida humana. En ello aspiraban exactamente a la misma meta a que tendió la ciencia o la técnica de milenios posteriores: a dominar la naturaleza y jugar con sus leyes, pero lo hacían marchando por caminos totalmente distintos. No se separaban de la naturaleza y no trataban de penetrar violentamente en sus secretos; nunca se oponían hostilmente al cosmos, eran siempre parte de él y se rendían respetuosos a su poder. Es muy posible que conociesen mejor la naturaleza y la trataran más inteligentemente. Pero algo era para ellos absolutamente imposible, aun en su pensamiento más atrevido: el adherir y someterse al mundo natural y de los espíritus sin miedo, el sentirse superiores. No podían imaginar siquiera esta tragedia, esta fatalidad, y consideraban imposible enfrentar las potencias de la naturaleza, la muerte, los demonios en otra relación que de angustia. La angustia dominaba la vida de los humanos; vencerla les parecía algo irrealizable y sacrílego. Pero para calmarla, desterrarla en otros seres, burlarla y disfrazarla, para encuadrarla en el conjunto- existencial, servían los diversos sistemas de sacrificios. La angustia era la opresión bajo la cual se hallaba la vida de estos humanos, y sin esta fuerte opresión, su existencia hubiera carecido de miedo, pero también de intensidad. Aquel que lograba trasformar una parte de la angustia en veneración, había ganado mucho; hombres de esta clase, hombres que convirtieran su angustia en piedad, eran los buenos, los avanzados de esa época. Se hacían muchos sacrificios y de muchas maneras, y una parte de ellos y sus ritos correspondían a las funciones oficiales del hacedor de la lluvia.
Junto con Knecht creció en la choza la pequeña Ada, una hermosa criatura, muy querida por el anciano. Cuando le pareció llegado el momento, el maestro la dio en esposa a su alumno. Knecht fue desde entonces reconocido como ayudante del hacedor de la lluvia; Turu lo presentó a la madre del pueblo como su yerno y sucesor y se hizo sustituir por él desde ese momento en muchas tareas y funciones del cargo. Poco a poco, con el pasar dé las estaciones y de los años, el anciano hacedor de la lluvia fue hundiéndose en la solitaria contemplación propia de los caducos y le traspasó al ayudante todos sus deberes, y cuando murió —lo encontraron muerto, acurrucado ante el hogar, inclinado sobre algunas vasijas con menjunjes mágicos, el cabello cano chamuscado por el fuego—, el pueblo ya conocía desde hacía mucho al joven, al alumno Knecht, como hacedor de la lluvia. Knecht pidió al Consejo del pueblo un honroso funeral para su maestro y quemó sobre su tumba como sacrificio toda una carga de hierbas y raíces nobles y valiosas para el arte de curar. Esto había ocurrido hacía mucho tiempo ya y entre los hijos de Knecht, cuyo número tornaba estrecha la choza de Ada, había uno con el nombre de Turu: en su persona, el anciano había vuelto de su viaje de muerto a la luna.
Le pasó a Knecht lo mismo que en otra época a su maestro. Una parte de su angustia se convirtió en piedad y espíritu. Una parte de sus aspiraciones juveniles y de su profunda nostalgia siguió subsistiendo, una parte murió y se perdió, mientras envejecía en el trabajo, el amor y el cuidado de Ada y de los hijos. Su mayor interés se dirigió siempre a la luna, junto con la oportuna observación, para distinguir la influencia de aquélla en las estaciones y los fenómenos meteorológicos; en esto alcanzó a su maestro Turu y aun lo superó al final. Y como el crecer y desaparecer de la luna se relacionaba tan estrechamente con el morir y el nacer de los hombres, y como entre todas las angustias de la vida humana la máxima y más profunda es aquella de la fatalidad de la muerte, el venerador y conocedor de la luna que era Knecht logró poseer una sacra e iluminada relación con la muerte, por su misma relación con el astro, tan vivo y cercano; en sus años maduros sintió menos que otros el miedo a la muerte. Podía hablar respetuosamente con la luna o aun implorándola o cortejándola, se sabía ligado a ella en delicadas relaciones espirituales, conocía muy exactamente la vida lunar y tomaba íntima participación en sus procesos y destinos, vivía su desaparecer y su reaparecer como un misterio en sí, y con ella sufría y se asustaba, cuando sucedía lo monstruoso y la luna parecía expuesta a enfermedades, peligros, mutaciones y daños, cuando perdía el brillo, cambiaba de color y se oscurecía casi apagándose. En esas ocasiones, ciertamente, todos se interesaban por la luna, temblaban por ella, reconocían una amenaza y una desgracia próxima en su oscurecimiento, y contemplaban ansiosamente su rostro viejo y enfermo. Mas, justamente entonces, se demostraba que el hacedor de la lluvia Knecht estaba más íntimamente ligado a la luna y más sabía de ella que otro cualquiera; sí, compartía su hado, se le apretaba de miedo el corazón, pero su recuerdo de vivencias parecidas era más agudo y docto, su confianza más fundada, su fe en la eternidad y el renacimiento, en la corrección y la superación de la muerte, más grande. Y más grande era también el grado de su entrega devota: sentíase vivir en esas horas el destino del astro, hasta perecer y volver a nacer; sentía a veces algo como atrevimiento, como temeraria resolución de afrontar la muerte y oponérsele por el espíritu, de robustecer su Yo con el abandono de sí mismo a destinos sobrehumanos. Algo de eso pasó en su ser y fue perceptible para los demás; los consideraron sabio y piadoso, un ser de noble calma y escaso miedo de la muerte, un ser que estaba en buenas relaciones con las ocultas potencias.
Tuvo que demostrar estos dones y estas virtudes en muchas duras pruebas. Una vez debió vencer un período de esterilidad y tiempo adverso que duró más de dos años; fue la prueba más grande de su vida. Las contrariedades y los signos malos habían comenzado ya con la siembra varias veces aplazada, luego todas las dificultades imaginables y todos los perjuicios posibles cayeron sobre los sembrados, para dejarlos al fin totalmente destruidos; la comunidad sufrió cruelmente el hambre y Knecht con ella, y había sido algo insólito que como hacedor de la lluvia no perdiera toda la confianza y la influencia, y pudo ayudar a la tribu a soportar la desgracia con humildad y fortaleza. Cuando luego al año siguiente, después de un invierno duro y abundante en fallecimientos, se repitió todo el mal, toda la miseria del anterior; cuando la tierra común durante el verano se secó y se resquebrajó por una persistente sequía, las ratas se multiplicaron horrorosamente, los conjuros y sacrificios solitarios del hacedor de la lluvia no produjeron ningún resultado lo mismo que las acciones públicas, los coros de tamboriles, las rogativas de todo el pueblo; cuando apareció tremendamente claro que el hacedor de la lluvia esta vez no podía hacer llover, la situación se tornó grave y se necesito algo más que un hombre común para cargar con la responsabilidad y mantenerse erguido delante del pueblo asustado y amotinado. Hubo entonces dos o tres semanas en las que Knecht se encontró totalmente solo y contra él estuvo todo el pueblo, el hambre y la desesperación, y se apeló a la vieja tradición popular según la cual solamente el sacrificio del hacedor de la lluvia podía reconciliar a los humanos con las potencias. Venció cediendo. No había opuesto resistencia a la idea de su sacrificio, se había ofrecido espontáneamente. Además colaboró con incansable esfuerzo y absoluta dedicación a mitigar la miseria, supo descubrir agua, encontrar una fuente, una acequia, impidió que en el momento de mayor apremio fuera destruido todo el ganado y sobre todo evitó con el ejemplo y la persuasión que la gran abuela de la villa, aplastada por una fatal desesperación y una extraña debilidad moral en esa época terrible, desfalleciera y lo echara todo a perder irracionalmente, a pesar de su resistencia, su consejo, las amenazas, los sortilegios y los rezos. En esa ocasión había resultado evidente que en momentos de intranquilidad y calamidad un hombre es tanto más útil cuanto más su vida y su pensamiento tienden a lo espiritual, a lo impersonal, cuanto más aprendió a respetar, observar, rezar, servir y sacrificar. Esos dos años terribles, que casi lo llevaron al sacrificio y lo aniquilaron, le dejaron un saldo final de mayor estimación y confianza, no ciertamente entre la multitud de irresponsables, pero sí entre los pocos que tenían responsabilidad y podían juzgar a un hombre de su categoría.
Su vida había pasado por ésta y muchas otras pruebas, cuando alcanzó la edad madura y se halló en la cumbre de la existencia. Había ayudado a sepultar a dos grandes abuelas de la tribu, perdido un hermoso hijo de seis años, víctima de un lobo, y superado una grave enfermedad sin ayuda ajena, siendo su propio médico. Padeció hambre y frío. Todo esto dejó señales en su rostro y, no menos, en su alma. Hizo la experiencia de que los hombres espirituales causan en los demás cierta extraña forma de resistencia y antipatía, se los aprecia de lejos y se los llama en caso de necesidad, pero no se les ama ni se los considera iguales, y hasta se los evita. Aprendió por experiencia también que las fórmulas mágicas tradicionales o libremente inventadas y los anatemas rituales son aceptados por los enfermos o los desdichados con más gusto que el consejo razonable; que el hombre soporta más fácilmente la incomodidad y la expiación exterior que la transformación interior o el examen de si mismo; que cree más en el sortilegio que en la razón, en las fórmulas que en la experiencia: cosas éstas que en dos milenios desde entonces, probablemente, no han variado gran cosa, como afirman muchos libros de historia. Aprendió también que un hombre escudriñador y espiritual no debe perder el amor; que puede aceptar los deseos y las tonterías de los hombres sin altanería, pero no debe dejarse dominar por ellos; que del sabio al charlatán, del sacerdote al milagrero, del hermano que ayuda al parásito aprovechado, no hay más que un paso, y que la gente en el fondo prefiere pagar a un bribón, dejarse explotar por un charlatán, que aceptar la ayuda desinteresada del generoso. No querían pagar con amor y confianza, sino con dinero o cosas. Se engañaban mutuamente y esperaban ser engañados a su vez. Había que aprender a considerar al hombre como un ser débil, egoísta, cobarde, a comprender cuánta parte le cabía a uno en todas estas malas cualidades, en todos estos malos instintos, pero creyendo y alimentando el alma con la creencia de que el hombre es también espíritu y amor, que algo vive o habita en él que resiste a los instintos y ambiciona su ennoblecimiento. Pero estas ideas son ya demasiado netas y formuladas, para que Knecht las acariciara. Digamos más bien que se hallaba en camino hacia ellas, que ese camino lo llevaría a ellas y a través de ellas, algún día.
Mientras caminaba con ese rumbo, anhelando ideas, pero viviendo mucho más en lo sensible, en el hechizo de la luna, en la maravilla del perfume de una hierba, de las sales de una raíz, en el gusto de una corteza, el cultivo de plantas curativas, la cocción de pomadas, la atención del tiempo y la atmósfera, fue elaborando par sí muchas facultades, algunas de las cuales nosotros, lejana posteridad, ya no poseemos y sólo entendemos a medias. La más importante de ellas era, naturalmente, hacer la lluvia. Aunque el cielo muchas veces permanecía sordo y parecía desdeñar cruelmente sus esfuerzos. Knecht hizo la lluvia, sin embargo, centenares de veces y cada vez casi en forma un poco diversa. Ciertamente, nunca se hubiera atrevido a alterar o a omitir algo en los sacrificios, en el rito de las rogativas, los conjuros, el sonar de los tamboriles. Pero ésta era solamente la parte oficial, pública, de su actividad, su lado visible, legal y sacerdotal; y era seguramente muy hermoso e infundía una magnífica sensación de grandeza, cuando a la tarde de un día iniciado con el sacrificio y la procesión, el cielo se rendía, el horizonte se nublaba, el aire comenzaba a oler a humedad y caían las primeras gotas. Sólo que también aquí el arte del hacedor de la lluvia tuvo que elegir bien el día, para no esperar ciegamente lo imposible; se podían implorar las potencias, hasta importunarlas, pero con sentido y medida, con resignación a su voluntad. Y más caras que esas bellas vivencias de triunfo y victoria eran para él otras determinadas, de las que nadie sabía fuera de él y él mismo conocía solamente con temor y más con los sentidos que con el intelecto. Había situaciones del tiempo, tensiones del aire y del calor, nubes y vientos, clases de olores del agua, de la tierra, del polvo, amenazas o promesas, estados de ánimos y caprichos de los demonios del tiempo, que Knecht presentía y seguía sintiendo en su piel, en su cabello, en todos sus sentidos, de modo que no podía ser sorprendido ni desilusionado por nada: sabía concentrar en sí el tiempo como si volara con él, y lo llevaba en sí de una manera que lo capacitaba para mandar a las nubes y a los vientos: no por cierto a capricho, a gusto, sino por el vínculo y la relación que eliminaban la diferencia entre él y el mundo, entre lo interior y lo exterior. Entonces podía estar arrobado y acechar, agacharse en éxtasis y tener todos los poros abiertos y no sólo sentir en su interior la vida de los aires y las nubes, sino dirigirla y crearla, algo así como nosotros despertamos íntimamente y reproducimos un movimiento musical que conocemos con exactitud. Entonces debía solamente contener la respiración, y el viento o el trueno callaban; bastaba que moviera la cabeza y el granizo caía o se disolvía; era suficiente que expresara para sí en una sonrisa el equilibrio de las fuerzas en lucha, y arriba en el cielo las cortinas de nubes se abrían y dejaban libre el claro azul sutil. En muchas épocas de especial pureza anímica y normalidad espiritual, sentía dentro de sí con exactitud, sin errores, el tiempo del día siguiente, como si en su sangre estuviera escrita toda la partitura que debía ser ejecutada fuera de él, en la naturaleza. Éstos eran sus días mejores, su recompensa, su deleite.
Pero cuando esta íntima unión con el exterior estaba interrumpida y el tiempo y el universo resultaban infieles, incomprensibles e incalculables, también en su interior estaban interrumpidos el orden y las corrientes, y él sentía que no era un buen hacedor de la lluvia y consideraba su carga y su responsabilidad por el tiempo y las cosechas pesados e injustos. En esos periodos se consideraba hombre de su casa, obedecía y ayudaba a Ada, se ocupaba cuidadosamente de tareas mínimas, fabricaba juguetes y utensilios para los niños, cocía medicinas, necesitaba cariño y experimentaba el impulso de ser lo menos posible distinto de los demás varones, de adaptarse completamente a las costumbres y los usos y aun de escuchar los cuentos para él generalmente antipáticos de su mujer y de las vecinas, acerca de la vida, la salud y los actos de otra gente. Pero en los buenos tiempos se le veía poco en su casa; huía ocultamente y se quedaba lejos, pescaba, cazaba, buscaba raíces, se tendía en la hierba o se acurrucaba sobre un árbol, olisqueaba, espiaba, imitaba las voces de los animales, encendía pequeñas fogatas y comparaba la formas de las nubes de humo con las de las nubes en el cielo, saturaba su piel y su cabello de niebla, lluvia, aire, sol y luz lunar, y coleccionaba además, como lo había hecho en vida su maestro y predecesor Turu, los objetos en que el ser y las formas externas parecían pertenecer a distintos reinos, en que la sabiduría o el capricho de la naturaleza dejaba revelarse una partícula de sus reglas y de sus misterios generativos; objetos que reunían en sí, en el parecido, cosas muy separadas, como nudos de ramas con caras de hombres o animales, piedras limadas por el agua con vetas parecidas a las de la madera, formas petrificadas de animales del mundo primitivo, carozos de frutas deformados o mellizos, piedras con la forma de un riñón o de un corazón. Leía los dibujos en la hoja de bambú, las líneas en forma de red en el sombrerito de las setas y deducía cosas misteriosas, espirituales, futuras, posibles; la magia de los signos, una intuición o presciencia de números y escritura, condensación de lo infinito y multiforme en lo simple, en el sistema, en el concepto. Porque todas esas posibilidades estaban en la concepción del mundo alcanzada por él, por su espíritu; carecían de nombre, eran desconocidas, pero no imposibles, no ajenas a un presentir, germen y yema todavía, pero esenciales, propias y orgánicas en él y en constante crecimiento. Y aun si pudiéramos remontarnos varios milenios atrás, más allá de este hacedor de lluvia y de su época infantil y casi primitiva, encontraríamos —creemos— al mismo tiempo en todas partes el espíritu también, que es sin principio y siempre contuvo todo aquello que más tarde realiza.
El hacedor de la lluvia no estaba destinado a perpetuar sus intuiciones y llevarlas más cerca de su comprobación: él no la necesitaba siquiera. No debía ser ninguno de los muchos inventores de la escritura, la geometría, la medicina o la astronomía. Siguió siendo miembro o eslabón desconocido de la cadena, pero tan indispensable como los otros; cada uno transmitía lo recibido y agregaba lo logrado y conquistado por él. Porque él también tuvo alumnos. Al correr de los años formó a dos aprendices de hacedores de lluvia y uno de ellos fue luego su sucesor.
Por muchos años cumplió su oficio y vivió su vida solo, sin ser espiado, y cuando por primera vez —fue poco después del período de gran esterilidad y hambre— un jovencito comenzó a visitarlo, observarlo, acecharlo, venerarlo y perseguirlo, un jovencito que se sentía impulsado a ser hacedor del tiempo y maestro, sintió en un melancólico sobresalto del corazón el retorno, la repetición del gran acontecimiento de su juventud y, al mismo tiempo, una sensación por primera vez cotidiana, severa, cohibidora y excitadora al mismo tiempo: que la juventud se había ido, que había pasado el mediodía, que la flor se había convertido en fruto. Y, lo que nunca hubiera imaginado, se portó con el niño en la misma forma como con él se había portado el anciano Turu, y esta conducta ruda, rechazante, expectante y postergadora nacía por sí misma, por mero instinto; ni era imitación del maestro fallecido, ni surgía de las reflexiones de esencia moral y educativa, como por ejemplo, que antes hay que probar acabadamente a un joven, para ver si es bastante serio, que no se debe facilitarle el acceso a la iniciación en los secretos, sino ponerle muchos obstáculos, y cosas parecidas. No, Knecht se condujo con sus aprendices simplemente como lo hace con los admiradores y discípulos cualquier aislado que envejece o cualquier solitario rebosante de sabiduría: perplejo, temeroso, recusador, huidizo, Heno de miedo por su hermosa soledad y su libertad, por su posibilidad de deslizarse por la selva virgen, su caza libre, su recolección, sus sueños y observaciones, lleno de celoso amor por todas sus costumbres y preferencias, sus secretos y ocultamientos. De ninguna manera abrió los brazos al joven titubeante que se le acercó con respetuosa curiosidad, de ningún modo mitigó su vacilación ni lo incitó; consideró alegría y premio y reconocimiento y excelente resultado el que finalmente el mundo de los otros le enviara un mensajero, una declaración de amor, el que alguien tratara de conquistarle, se sintiera sumiso y paciente y llamado como él al servicio de los misterios. No, al principio eso le pareció molestia pesada, intervención abusiva en sus derechos y hábitos, un robo de su independencia y apenas ahora veía cuánto la amaba; se puso a la defensiva, y encontró modos de ganar de mano y ocultarse, de borrar sus huellas, de desviarse y escaparse. Mas también en eso le ocurrió como le había ocurrido a Turu; la larga y muda insistencia cautivante del joven ablandó lentamente su corazón, cansó poco a poco su resistencia y cuanto más terreno ganaba el muchacho, más aprendió a inclinarte hacia él y a abrirse para él un lento progreso, a aprobar su deseo, a aceptar su corte, y a ver en el nuevo deber, a menudo tan pesado de enseñar y tener discípulos, lo ineludible, lo resuelto por el destino, lo exigido por el espíritu. Cada vez más tuvo que despedirse del sueño, de la sensación y el goce de las infinitas posibilidades del futuro multiforme. En lugar del ensueño de infinito progreso, de la suma de toda sabiduría, estaba ahora el alumno, una realidad pequeña, cercana, que fomentar, un invasor y destructor de la paz, pero irrechazable e inevitable, el único camino en el futuro verdadero, el deber único y más importante, la única senda estrecha por la cual pudieran guardarse y sobrevivir en un brote nuevo y diminuto la vida del hacedor de la lluvia, sus actos, sus opiniones, sus ideas. Suspirando, rechinando los dientes y sonriendo al mismo tiempo, aceptó su deber.
Y también en este terreno importante y tal vez el más colmado de responsabilidad, en esta función de trasmitir lo heredado y educar al sucesor, no le quedó ahorrada al hacedor del tiempo la experiencia más amarga, la desilusión más cruel. El primer aprendiz que se esforzó para ganar su favor y después de larga espera y muchos rechazos se allegó al maestro, se llamaba Maro y le proporcionó un desengaño nunca aplacado totalmente. Era sumiso y adulador y representó por mucho tiempo la comedia de la obediencia incondicional, pero le faltaban condiciones y sobre todo valor, porque temía la noche y la oscuridad, cosa que trataba de ocultar y que Knecht, aun advertido de ello, consideró por mucho tiempo como un residuo de niñee, de infantilidad, que desaparecería. Pero no fue así. Le faltaba al discípulo también por completo el don de entregarse sin egoísmo y sin intenciones a la observación, a las disposiciones y al proceso del oficio, a ideas y presentimientos. Era inteligente, poseía una percepción clara y rápida y aprendía fácil y seguramente lo que puede ser aprendido sin completa entrega. Pero cada vez resultó más evidente que tenía intenciones egoístas y metas propias, para las cuales quería aprender el arte de hacer la lluvia. Ante todo quería ser alguien, representar un papel y causar impresión, tenía la vanidad del nombre dotado, pero no la de la vocación. Aspiraba a ser aplaudido, se ufanaba ante sus coetáneos de sus primeros conocimientos y artes; esto también podía ser infantil y tal vez corregirse. Pero no buscaba solamente el aplauso, sino que deseaba poder y ventajas sobre los demás; cuando el maestro comenzó a notarlo, se asustó y cerró poco a poco su corazón para el joven. Éste se dejó tentar dos y tres veces a cometer grave falta, después de haber estado al lado de Knecht varios años. Se dejó llevar caprichosamente, sin que su maestro lo supiera y se lo permitiera, a tratar por un regalo con remedios algún niño enfermo, a realizar conjuros contra la plaga de las ratas en una cabaña y, cuando a pesar de todas las amenazas y las promesas fue sorprendido una vez más en semejantes prácticas, el maestro lo echó de su lado, denunció el hecho a la gran abuela y trató de borrar de su memoria al jovencito ingrato e inservible.
Le resarcieron luego sus dos discípulos posteriores y, sobre todo, el segundo de ellos que fue su propio hijo Turu. Knecht quería mucho a este aprendiz joven, el último que tuvo, y creyó que podía llegar a ser algo más que él; visiblemente habíase reencarnado en él el alma de su abuelo. Knecht conoció la satisfacción bienhechora para el espíritu de poder trasmitir la totalidad de su saber y de su fe al porvenir, y conocer a un hombre, doblemente hijo suyo, a quien iría transfiriendo todos los días una parte de su cargo, mientras iba sintiéndose envejecer. Pero aquel primer alumno fracasado no podía ser borrado de su vida y de sus pensamientos; no alcanzó ciertamente gran predicamento en el pueblo, pero era para muchos un hombre muy querido e influyente, se había casado, se le conocía como juglar y bromista, era tambor mayor del coro de tamboriles y siguió siendo enemigo oculto y envidioso del hacedor de la lluvia, a quien hizo toda suerte de daños. Knecht no había sido nunca un hombre de amistades y reuniones, necesitaba soledad y libertad, nunca buscó el aprecio o el amor, exceptuando el lapso infantil durante el cual trató de acercarse al maestro Turu. Pero ahora le tocó sentir lo que significa tener un enemigo, alguien que nos odia. Y esto le amargó muchos días de su vida.
Maro perteneció a aquella clase de alumnos, muy dotada, que a pesar de sus facultades resulta antipática y molesta en todo momento para los maestros, porque en ellos el talento no es una robustez orgánica crecida y afirmada en profundidad e intimidad, el delicado linaje nobiliario de un buen carácter, de una sangre activa y un temperamento amable, sino algo casual, encontrado, hasta usurpado o robado. Un discípulo de carácter débil e inteligencia elevada o fantasía brillante pondrá en apremios inevitables a su maestro: éste tiene que infundir en el alumno lo heredado en ciencia y método y capacitarlo para colaborar en la vida espiritual, y siente en cambio que su verdadero y más noble deber sería proteger ciencias y artes justamente contra el acercamiento de quien sólo posee inteligencia; porque el maestro no debe servir al discípulo, sino que ambos están al servicio del espíritu. Ésta es la razón por la cual los maestros tienen miedo y horror de ciertos talentos que ciegan; todos los alumnos de esta clase corrompen y falsifican todo el sentido, toda la utilidad de la enseñanza. Cualquier promoción de un discípulo capaz de brillar pero no de servir, representa en realidad un perjuicio para el bien común, una suerte de traición al espíritu. Conocemos en la historia de algunos pueblos, períodos en los que —por un profundo trastrueque del orden espiritual— se verificó casi el asalto de aquellos que son solamente inteligencia a la dirección de las comunidades, escuelas y academias y aun del mismo Estado, y en todos los cargos hubo gente de sumo talento, que quería gobernar pero no servir. Ciertamente, es muy difícil conocer en el momento oportuno esta clase de inteligencias, antes de que hayan asimilado las bases de una profesión espiritual, y devolverlos con la necesaria severidad a oficios materiales, manuales. Knecht también se había equivocado, tuvo demasiada paciencia con el aprendiz Maro; confió al ambicioso y superficial mucha sabiduría para adeptos, que fue echada a perder. Las consecuencias fueron para él mismo más graves de lo que se imaginara.
Hubo un año —la barba de Knecht se había tornado bastante gris— en el cual pareció que las relaciones entre cielo y tierra hubieran enloquecido, trastornadas por demonios de insólito poder y extraña obstinación. Estos fenómenos comenzaron en forma visible e impresionante en el otoño, aterrorizando profundamente todas las almas y pasmándolas de angustia; tuvieron principio con un espectáculo celeste nunca visto, poco después de anochecer, espectáculo que Knecht observó siempre con cierta solemnidad y respetuosa devoción, con interés siempre mayor. Una tarde, fresca y ligeramente ventosa, el cielo se tornó trasparente como vidrio, salpicado de escasas nubéculas que flotaban muy altas y conservaron por un lapso insólito la rosada luz del sol poniente: haces de luz sueltos, movidos y espumosos en un espacio frío y pálido. Knecht había sentido ya desde unos días algo más fuerte y notable de lo que todos los años podía advertirse en esa época en que los días se acortan, la influencia de extraños poderes en el firmamento, el temor de la tierra, las plantas y los animales, la inquietud en el aire, algo raro, expectante, miedoso, Heno de presentimientos en toda la naturaleza; hasta las nubéculas, largo rato temblorosamente encendidas en ese atardecer avanzado, encuadraban en la situación con sus oscilantes movimientos y aleteos, que no correspondían al viento que soplaba en la tierra, con su luz rojiza implorante, que se resistía tristemente por largo rato a apagarse; apenas enfriadas y perdida su luminosidad se tornaban invisibles, muy de repente. En el pueblo todo estaba tranquilo, los visitantes y los niños sé habían retirado hacía mucho de la puerta de la gran abuela, apenas un par de chiquillos se perseguían aún, pero todos se habían recogido y ya habían cenado. Muchos dormían, apenas si alguien, fuera del hacedor de la lluvia, contemplaba las nubes rosadas de la tarde. Knecht se paseaba, de un lado a otro, por la pequeña huerta detrás de su choza, cavilando sobre el tiempo, tenso e inquieto; por momentos se sentaba, para descansar, un instante en un tronco dé árbol entre las ortigas, que servía para partir leña. Al apagarse las últimas luces en las nubes, las estrellas se volvieron de pronto claramente visibles en el cielo todavía límpido y verdosamente brillante y aumentaron pronto en número y luminosidad; donde un segundo antes había dos o tres, ya se apiñaban diez y veinte. Muchas entre ellas y sus grupos y familias eran bien conocidas por Knecht, las había visto centenares de veces; su inmutable reaparecer tenía algo tranquilizador, las estrellas reconfortaban, estaban allá arriba, sí, lejanas y frías, sin irradiar calor, pero seguras, firmemente ordenadas, anunciando normalidad, prometiendo perduración. Aunque aparentemente ajenas y alejadas y aun opuestas a la vida de la tierra, a la vida de los seres humanos, aun inalcanzables por el dolor, el éxtasis, las reacciones y el calor de la tierra, aun tan superiores por su majestad y eternidad fría y elegante, casi una burla para el hombre, las estrellas estaban sin embargo, en relación con los hombres, tal vez los gobernaban, y cuando un ser humano lograba y conservaba un bien espiritual, una seguridad y superioridad del espíritu sobre lo transitorio, se asemejaba a las estrellas, irradiaba como ellas en fría quietud, reconfortaba con su visión tranquila, miraba eternamente con un guiño de burla. Así le pareció muchas veces al hacedor de las lluvias, y aunque con las estrellas no tenía por cierto la relación cercana, incitante, comprobada en la constante variación y el continuo regreso que tenía con la luna, lo grande, lo próximo, lo húmedo, lo semejante a un gordo pez de hechito en el mar celeste, las veneraba sin embargo, profundamente y se vinculaba a ellas por muchas creencias. A menudo fue para el baño y bebida saludable mirarlas largo rato, dejarlas influir sobre él, ofrecer su pequeñez, su calor, su temor a su frió y calmo mirar.
Esa noche miraban como siempre, sólo que más claras y como netamente recortadas en el aire inmóvil y sutil, pero Knecht no encontró en sí la paz para entregarse a ellas; desde espacios desconocidos le llegaba una fuerza extraña, le dolía en los poros, sorbía en sus ojos, actuaba queda y continua como una corriente, como un temblor que alarma. Además, en la choza, la cálida y débil luz de las brasas del hogar resplandecía en un color rojo sombrío, fluía caliente la vida mínima, resonaba un llamado, una risa, un bostezo, respiraba olor humano, calor de piel, maternidad, sueño de niños, y parecía prestar aún mayor hondura a la noche sorprendida por su vecindad inocente, y empujar las estrellas más lejos todavía, atrás, en una lejanía, en una altura inconcebible.
Y de pronto, mientras Knecht oía zumbar y murmurar en la choza la voz de Ada profundamente melodiosa, acunando a un niño, comenzó en el cielo la catástrofe que el villorrio recordará por muchos años aún. Surgió allí y allá en la calma y blanca red de las estrellas un llamear y relampaguear, como si temblaran en llamas los hilos de la red generalmente invisibles; cayeron como piedras despedidas, incendiándose y apagándose en seguida, muchas estrellas precipitadas por el espacio, una aquí allá dos, más allá muchas, y aún no había perdido el ojo la visión de la primera que caía, aún no había recomenzado a latir el corazón alelado por la visión, y se persiguieron oblicuamente, trazando una ligera curva, en grupos de docenas y centenares, los astros lanzados desde el cielo; se precipitaron en series infinitas como llevados por muda tempestad gigantesca, cruzando oblicuamente en la noche silenciosa, como si un otoño de los mundos hubiese arrancado todas las estrellas como hojas marchitas del árbol del cielo y las lanzara sin ruido en la nada. Como hojas secas, como aleteantes copos de nieve, volaron por millares en una calma horrorosa, desapareciendo detrás de los montes del sur y del oeste cubiertos de selva, en lo infinito, donde nunca, a memoria de humanos, había caído una estrella.
Con el corazón detenido y los ojos alucinados, Knecht estuvo mirando el cielo revuelto y encantado, con la cabeza apretada en la nuca, los ojos llenos de horror pero no saciados; desconfiaba de su vista y, sin embargo, estaba más que seguro de lo terrible y tremendo. Como todos aquellos que pudieron observar este fenómeno nocturno, creyó ver vacilar hasta las estrellas más familiares, estremecerse y precipitarse, y esperó contemplar negra y vacía muy pronto la bóveda celeste, si antes no le tragara la tierra. Por cierto, después de un rato, advirtió lo que otros no verían, es decir, que las estrellas conocidas seguían estando aquí y allá y en todas partes, que la muerte no alcanzaba con su horror a las estrellas antiguas y familiares, sino que pasaba por una zona intermedia entre el cielo y la tierra, y que las que caía no eran arrojadas, estas nuevas que aparecían tan de repente y tan de pronto desaparecían, brillaban con una luz de otro color que las antiguas y verdaderas. Esto le reconfortó y le ayudó a recobrarse, pero aunque podían ser otras estrellas, nuevas y perecederas las que llenaban el aire de polvo, eso era cruel y malo, desdicha y desorden. Profundos suspiros escaparon de la garganta reseca de Knecht. Bajó su mirada a la tierra y escuchó para saber si el fenómeno espectral le había aparecido a él solo o si otros más lo habían visto. Pronto oyó llegar de otras chozas gemidos, chillidos y exclamaciones de terror; otros también acababan de ver, de gritar, alarmando a los desprevenidos y a los durmientes. En un segundo, la angustia y el terror pánico invadieron la aldea. Profundamente trastornado, Knecht se hizo cargo de la situación. Esta desgracia caía ante todo sobre él, sobre el hacedor del tiempo; sobre él que en cierta manera era responsable del orden en el cielo y en el aire. Knecht supo reconocer o sentir siempre anticipadamente las grandes catástrofes: inundaciones, granizo, fuertes tormentas; siempre supo preparar a las madres y a los más ancianos y ponerlos en guardia; siempre supo evitar lo peor, interponiendo su saber, su valor y su confianza entre las fuerzas supremas y el pueblo y la desesperación. ¿Por qué no lo supo y nada dispuso esta vez con antelación? ¿Por qué no dijo una palabra a nadie del oscuro y alarmante presentimiento que siempre tuvo?
Levantó la estera que servía de puerta a su choza y llamó por su nombre a su mujer, en voz baja. Ella acudió, con el hijo más pequeño en brazos; él le quitó el niño y lo colocó sobre la paja, tomó la mano de Ada, puso un dedo en sus labios imponiéndole silencio, la llevó un poco lejos de la choza y observó que su cara tranquila y paciente se desfiguró de pronto angustiada y horrorizada.
—Los niños seguirán durmiendo, no deben ver esto, ¿entiendes?
—le dijo con violencia en un susurro—. No debes dejar salir a ninguno de ellos, ni a Turu. Tú misma te quedarás adentro.
Titubeó, incierto de lo que debía decir, de cuánta parte de sus pensamientos debía revelar, y luego agregó con firmeza:
—Nada te pasará a ti, nada a los niños.
Ella le creyó en seguida, aunque su cara y su ánimo no se hubiesen recobrado del miedo que sentía.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, mirando el cielo fijamente, mientras se retiraba—. ¿Algo muy malo?
—Muy malo —dijo él suavemente—. Creo que algo muy malo. Pero no para ti ni para los pequeños. Permaneced en la choza. Cuida que la estera lo oculte todo. Tengo que ir al pueblo, hablar a la gente. Entra, Ada.
La empujó por la entrada de la choza, estiró cuidadosamente la estera, estuvo mirando unos segundos más la lluvia constante de estrellas, luego bajó la cabeza, suspiró una vez más con el corazón oprimido y luego se alejó de prisa por el pueblo, por la noche, hacia la cabaña de la gran abuela.
Allí estaba reunida ya la mitad de la gente, con rumor apagado, en la vacilación entre el terror y la desesperación suscitada por la angustia, y a medias reprimida por respeto a la anciana. Había mujeres y hombres que se entregaban a la sensación de horror y ruina inminente con una suerte de furia y de gozo, que estaban rígidos como hechizados y se movían sin poder dominar sus miembros; una mujer tenía espuma en los labios, bailaba para sí misma una danza desesperada y al mismo tiempo obscena y, bailando, se arrancaba los largos cabellos a mechones. Knecht comprendió: la locura se había desatado, todos estaban como perdidos por una borrachera, embrujados por la caída de las estrellas, enloquecidos. Sería tal vez una orgía de demencia, furia y placer de autodestrucción. Era urgente reunir a los pocos valientes y reflexivos y darles ánimo. La viejísima gran abuela estaba tranquila; creía que había llegado el fin de todas las cosas, pero no se defendía siquiera y mostraba al destino una cara adusta, firme, burlona casi en sus agrias muecas. La convenció para que lo escuchara. Trató de explicarle que las viejas estrellas, las de siempre, seguían estando en su lugar, pero ella no podía admitirlo, ya porque sus ojos no tenían más la fuerza necesaria para verlas, ya porque su idea de las estrellas y su propia relación con ellas eran cosa demasiado diferente de las del hacedor de la lluvia, para que ambos pudieran entenderse. Meneó la cabeza y conservó su valerosa mueca, y cuando Knecht la conjuró a no abandonar a su gente a sí misma y a los demonios, en su embriaguez de angustia, ella estuvo completamente conforme. Alrededor de ella y del hacedor del tiempo se formó un pequeño grupo de hombres ansiosos pero no enloquecidos, prontos a dejarse guiar.
Todavía en el instante de su llegada, Knecht esperó poder dominar el pánico con su ejemplo, la razón, la palabra, la explicación y la persuasión. Pero ya el breve coloquio con la gran abuela le demostró que era demasiado tarde. Creyó que podía hacer compartir a los demás su propia vivencia, ofrecérsela en regalo y trasladarla a ellos; creyó que con su arte de persuasión ellos comprenderían que no caían las estrellas, por lo menos no todas, y que no se las llevaba esa tempestad universal; creyó que pasando del miedo desamparado y del asombro a la observación activa, resistirían su estremecimiento. Pero vio muy pronto que en todo el pueblo había muy pocos individuos accesibles a esa influencia y que mientras se los ganaba a la calma, los demás estarían totalmente enloquecidos. No, en este caso, como otras veces, nada se lograría con la razón y las palabras de la sabiduría. Si era imposible disipar la mortal angustia venciéndola con la razón, era dable, sin embargo, guiarla, organizaría, darle forma y rostro y hacer del desesperado desorden de los dementes una firme unidad, de las voces individuales indomeñables y salvajes, un coro. Knecht puso en seguida manos a la obra, en seguida halló los medios. Se adelantó hacia la gente, gritó las conocidas palabras del rezo con que se iniciaban los públicos ejercicios de piedad y expiación, el llanto por una gran abuela o la fiesta de sacrificio y penitencia en caso de peligros públicos, como la peste y la inundación. Gritó las palabras en compás y reforzó ese compás golpeando las manos, y a ese ritmo, aullando y palmoteando, se inclinó casi hasta el suelo, volvió a levantarse, siguió inclinándose y levantándose, y ya diez y veinte le acompañaron en esos movimientos, mientras la anciana madre del pueblo permanecía erguida, murmurando rítmicamente y dando la señal de los ademanes del rito con leves inclinaciones. Todos aquellos que acudían desde las chozas se encuadraban en seguida en el compás y el espíritu de la ceremonia; los pocos posesos cayeron pronto al suelo agotados y se quedaron inmóviles o fueron dominados y arrastrados por el murmullo del coro y el ritmo de las reverencias del acto religioso. El procedimiento no falló. En lugar de una horda de locos desesperados estaba allí un pueblo de devotos prontos al sacrificio y a la expiación, en quienes eso calmaba y robustecía el corazón, para aplacar su miedo a la muerte y su horror, en un coro ordenado de todos, en un ritmo, en una ceremonia de conjuro, en lugar de encerrar ese horror en sí mismos o expresarlo individualmente en rugidos. Muchas fuerzas ocultan actúan en esos ejercicios; su mayor confortación estriba en la uniformidad que redobla el sentimiento de comunidad, y su medicina más segura son la medida, el orden, el ritmo, la música.
Mientras todo el cielo de la noche se cubría aún con el abundoso caer de esas chispas estelares como por una catarata silenciosa de gotas de luz, que siguió dos largas horas más dilapidando sus grandes rezumos de fuego rojizo, el horror del pueblo se convirtió en rendida devoción, en invocación y sentimiento expiatorio, y a los cielos caídos fuera de su orden se opuso la angustia y la debilidad de los hombres como orden y armonía de un culto. Antes aún que la lluvia de estrellas comenzara a cansarse y a fluir menos densa, el milagro estaba realizado e irradiaba salud espiritual, y cuando el cielo pareció lentamente tranquilizarse y sanar, todos esos penitentes casi agotados por el cansancio tuvieron la redentora sensación de haber calmado con su ejercicio a las potencias y devuelto la normalidad al cielo.
La noche de terror no fue olvidada; se habló de ella durante todo el otoño y el invierno, pero pronto ya no se hizo murmurando y conjurando, sino en tono ordinario y con la satisfacción que subsiste después de una desgracia superada valerosamente, de un peligro vencido con buen resultado. Cada uno gozó en dar detalles, cada uno había sido sorprendido a su manera por lo increíble, cada uno quería haber sido el primero en descubrirlo; se atrevieron a reírse de algunos más temerosos y asustados, y por mucho tiempo perduró en el pueblo cierta excitación. ¡Algo se había vivido, algo grande había ocurrido y pasado!
En este estado de ánimo y en el lento olvido del gran acontecimiento, Knecht no tuvo parte. Para él, ese fatal fenómeno fue una advertencia inolvidable, una espuela nunca eliminada; para él no quedaba ni borrado ni desviado aquello por el hecho de que cesara y hubiera sido aplacado con la procesión, el rezo y los ejercicios expiatorios. Cuanto más tiempo pasó, tanta mayor importancia fue cobrando para él, porque le fue buscando el sentido y se dedicó a él totalmente, cavilando e interpretando. Para Knecht ya el acontecimiento en sí, el maravilloso espectáculo de la naturaleza, fue un problema difícil e infinitamente grande con muchas perspectivas; quien lo hubiera visto, podía muy bien meditar sobre él toda la vida. Una sola persona en el pueblo hubiera observado la lluvia de estrellas con las mismas disposiciones y ojos idénticos, su propio hijo y discípulo Turu; solamente las confirmaciones o las correcciones de este único testigo hubieran tenido valor para Knecht. Pero él había dejado dormir a su hijo y cuanto más reflexionaba al respecto, preguntándose por qué en realidad había procedido así, por qué había renunciado en tan inefable sucedido al único testigo y observador serio, Unto más se robustecía en él la opinión de que había obrado bien y correctamente y obedecido a una sabia intuición. Quiso proteger a los suyos de esa visión, también a su aprendiz y colega, y a éste sobre todo, porque a nadie quería tanto como a Turu. Por eso le había ocultado y escamoteado la caída de las estrellas, porque además creía en los buenos espíritus del sueño, sobre todo en los de los jóvenes, y además, si la memoria no lo engañaba, en ese instante, en realidad, en seguida después del comienzo del fenómeno celeste, había pensando menos en un inmediato peligro de vida para todos que en una señal profética y una desgracia anunciada para el futuro, y precisamente en algo que a nadie se referiría más que a él, el hacedor del tiempo. Algo estaba adurando, un peligro y una amenaza de aquella esfera con la que se vinculaba su cargo, y le atañía a él, ante todo y expresamente, cualquiera fuese su forma. Oponerse a ese peligro despierto y decidido, prepararse para, el mismo en el alma, aceptarlo, pero sin empequeñecerse ni perder la dignidad: tal fue la admonición y la resolución que él dedujo del gran signo premonitorio. Este futuro destino exigía un hombre maduro y valiente, por eso no hubiera sido conveniente, incluir al hijo, tenerlo como compañero de sufrimiento o aun sólo de conocimiento, porque, aunque le apreciaba tanto, no sabía a ciencia cierta si un hombre joven y no fogueado tendría fuerza para ello.
Su hijo Turu, naturalmente, no estaba nada satisfecho por haber perdido el gran espectáculo y dormido tranquilamente. De cualquier manera que se lo interpretara, fue en todo caso algo grande, y tal va nunca ya ocurriría algo parecido en toda su vida; se le habían escapado una vivencia y un milagro universal; por mucho tiempo, pues, estuvo enfurruñado con el padre. Luego, el murmullo de la queja te perdió, porque el anciano le compensó con más delicadas atenciones y lo empleó cada vez más en todas las funciones de su cargo y, visiblemente, en previsión de lo futuro, trató con más esfuerzo de educar plenamente a Turu como el sucesor más perfecto posible, el mejor iniciado. Aunque le habló muy rara vez acerca de aquella lluvia de estrellas, cada vez con menos reserva lo inició en sus secretos, sus prácticas, su saber y su indagar, y aun se hizo acompañar por él en salidas, intentos e investigaciones de la naturaleza, que hasta entonces no había compartido con nadie.
Vino y pasó el invierno, un invierno húmedo y casi suave. No cayeron más estrellas, no sucedieron cosas grandes o insólitas; el villorrio estaba tranquilo, los cazadores salían puntualmente de caza; en las varas encima de las chozas chacoloteaban en todas parte al soplo del cierzo helado los haces de pieles colgadas, endurecidas por el frío; en largas sendas alisadas se traía por la nieve la leña del bosque. Justamente durante un breve período de heladas murió una anciana en el pueblo y no se pudo sepultarla en seguida; por muchos días, hasta que la tierra estuvo más blanda, el cadáver helado quedó, acurrucado cerca de la puerta de la choza.
La primavera confirmó en seguida las malas previsiones del hacedor de la lluvia. Fue una primavera verdaderamente mala, traicionada por la luna, sin celos ni savia, desabrida; la luna estuvo siempre atrasada, nunca coincidieron los distintos signos que se necesitaban para fijar el día de la siembra; las flores silvestres florecieron pobremente, en las ramas colgaron muertas las yemas apenas abiertas. Knecht estaba muy preocupado, sin dejarlo entrever; sólo Ada y, especialmente, Turu vieron cómo se roía. No sólo realizó los conjuros usuales, sino que hizo también sacrificios privados, personales; coció para los demonios papillas e infusiones olorosas y gustosas, se acortó la barba y quemó los pelos en una noche de luna nueva junto con resina y corteza húmeda, provocando un humo denso. Hasta que pudo, evitó las ceremonias públicas, los sacrificios colectivos, las rogativas, los coros de tamboriles; hasta que pudo, dejó que el mal tiempo de esta mala primavera fuera asunto suyo, privado. De todos modos, cuando el plazo habitual de la siembra resultó notablemente excedido, tuvo que informar a la gran abuela; cosa curiosa, también en este caso chocó con la desdicha y la contrariedad. La anciana madre del pueblo, buena amiga de él y maternalmente dispuesta siempre para Knecht, no lo recibió; estaba indispuesta, estaba en cama y había traspasado todas sus obligaciones y preocupaciones a su hermana, y esta hermana trataba al hacedor de la lluvia muy fríamente, no tenía el carácter justo y severo de la mayor, se inclinaba a las distracciones y diversiones, y esta tendencia la había cultivado en ella el tambor mayor, el haragán Maro, que sabía prepararle horas agradables y adularla. Y Maro era enemigo de Knecht. Ya en la primera entrevista, el hacedor del tiempo sintió la frialdad y la antipatía, aunque no se le contradijera una sola palabra. Sus explicaciones y sus proyectos, de esperar, por ejemplo, todavía para la siembra y realizar eventuales sacrificios y recursos, fueron aprobados y aceptados, pero la anciana lo recibo y trató fríamente, como a un subordinado, y rechazó también su deseo de ver a la enferma y de prepararle una medicina. Entristecido, como si se hubiera vuelto más pobre, con desabrido gusto en la boca, regresó de esta conversación y durante quince días se esforzó en crear a su manera un tiempo que permitiese la siembra. Pero el tiempo, a menudo tan acorde con las corrientes de su interior, se portó tercamente despectivo y adverso, no sirvieron los sacrificios ni los hechizos. Y el hacedor de la lluvia tuvo que acudir por segunda vez a la hermana de la gran abuela; esta segunda visita fue ya como un pedido de paciencia, de aplazamiento; y notó en seguida que ella debió haber hablado de él y del asunto con Maro, el gracioso, porque al hablarse de la necesidad de fijar el día de la siembra o de ordenar rogativas públicas, la anciana se hizo demasiado la sabihonda y empleó algunas expresiones que sólo podía haber aprendido de Maro, el ex aprendiz del hacedor del tiempo. Knecht pidió todavía tres días para sí, volvió a calcular toda la constelación exacta y favorable y fijó la siembra para el primer día del tercer cuarto de la luna. La anciana aceptó y pronunció la frase ritual para ello; la resolución fue anunciada al pueblo, todos se prepararon para la fiesta de la siembra. Y ahora que por un tiempo todo parecía estar de nuevo en orden, los demonios volvieron a mostrar su hostilidad. Justamente el día antes de la fiesta anhelada y preparada, murió la gran abuela, la fiesta fue prorrogada y en el lugar se anunció y se preparó su entierro. Fue una solemnidad de gran magnitud; detrás de la nueva madre del pueblo sus hermanas e hijas, tenía su lugar el hacedor de la lluvia, con los paramentos de las grandes rogativas y el alto y puntiagudo bonete de piel de zorro, asistido por su hijo Turu que tocaba la matraca de madera dura de dos tonos. Se tributaron muchas honras a la muerta y a su hermana, la nueva madre; Maro, con los tamboriles dirigidos por él, se abrió camino y se adelantó y encontró respeto y aplauso. El pueblo lloró y además se divirtió: gozó del duelo y de la fiesta. Entre redobles de tamboriles y sacrificios, fue para todos un hermoso día, pero la siembra fue postergada una vez más. Knecht estuvo dignamente compuesto, en realidad se sentía muy preocupado. Le pareció que con la gran abuela enterraba también todos los buenos tiempos de su vida.
Pocos días más tarde, por deseo de la nueva gran abuela, se realizó, también con mucha solemnidad, la fiesta de la siembra. La procesión giró jubilosamente alrededor de los campos, la anciana lanzó alegremente los primeros puñados de simiente en los campos colectivos; a ambos lados de ella marchaban sus hermanas, llevando cada una sacos de grano de donde la anciana tomaba la semilla. Knecht respiró ligeramente aliviado, cuando terminó el recorrido.
Pero la simiente sembrada en forma tan solemne no debía dar ni alegría ni cosecha; fue un año desdichado. Recayendo en el invierno y las heladas, el tiempo trajo todas las cosas desagradables y adversas que se podían imaginar en esa primavera y en el verano; cuando cubría los campos una vegetación delgada, flaca y poco levantada del suelo, llegó lo último, lo peor: una sequía sin igual, como nadie recordaba. Semana tras semana el sol calcinó los sembrados con un vaho caliente y blancuzco, los arroyuelos se secaron, del estanque de la aldea no quedó más que un sucio pantano. Paraíso de las libélulas y de un enorme enjambre de mosquitos, en la tierra reseca se abrían las grietas profundas; se podía ver enfermarse el grano y secarse. De vez en cuando se reunían nubes en el cielo, pero no llovía y cuando un día cayó un simulacro de lluvia, le siguió por muchos días un tórrido viento de oriente y a menudo se abatió el rayo en altos árboles, encendiendo rápidamente las cimas casi secas.
—Turu —dijo un día Knecht a su hijo—, esto termina, mal, tenemos a todos los demonios contra nosotros. Comentó con la lluvia de estrellas. Me costará la vida, creo. Escucha; si debo ser sacrificado, ocuparás en el mismo momento mi lugar y ante todo exigirás que mi cuerpo sea quemado y que la ceniza se esparza por los campos. Tendréis un invierno de gran hambruna. Pero luego la desgracia pasará. Deberás cuidar de que nadie toque la semilla de la comunidad, so pena de muerte. El año venidero será mejor y se dirá; “Es bueno que tengamos un nuevo hacedor de la lluvia, uno joven”.
En el pueblo reinaba la desesperación. Maro azuzaba a todo el mundo; a menudo se le gritaban al hacedor del tiempo amenazas y maldiciones. Ada se enfermó y estuvo en cama con vómitos y fiebres. Los ritos, los sacrificios, los largos coros de tamboriles, que estremecían los corazones, nada remediaban. Knecht los dirigía, era tu oficio, pero cuando la gente volvía a dispersarse, se quedaba solo, como un apestado que se evita. Sabía lo que era necesario y no ignoraba que Maro había pedido su sacrificio a la gran abuela. Por su honor y por su hijo dio el último paso: vistió a Turu con los grandes paramentos, lo llevó con él a casa de la gran abuela, lo presentó como su sucesor, y renunció por sí mismo a su cargo, ofreciéndose en sacrificio. Ella lo miró un rato inquisitiva y curiosa, luego hizo una señal con la cabeza y dijo que sí.
El sacrificio se realizó el mismo día. Todo el pueblo se reunió, pero mucha gente yacía en cama por la disentería y también Ada estaba gravemente enferma. Turu, en su traje de ceremonias con el alto gorro de piel de zorro, casi se murió de insolación. Todos los hombres respetables y los dignatarios, que no estaban enfermos, acudieron, la gran abuela con dos hermanas, los ancianos y Maro, el caudillo del coro de tamboriles. Detrás seguía en desorden el pueblo. Nadie insultó al anciano hacedor de la lluvia, todos marchaban silenciosos y cohibidos. Penetraron en la selva y buscaron allí un gran claro circular; el mismo Knecht lo había señalado como lugar de la ejecución. La mayoría de los hombres llevaban consigo sus hachas de piedra, para colaborar en la preparación de la leña para la hoguera. Llegados al claro, colocaron al hacedor de la lluvia en el centro y formaron círculo alrededor de él; más afuera, también en un gran círculo, estaba la multitud. Como todos callaban, indecisos y perplejos, el mismo hacedor de la lluvia tomó la palabra:
—He sido vuestro hacedor de la lluvia —dijo—, cumplí con mi deber durante muchos años tan bien como pude. Ahora, los demonios están contra mi, nada me sale bien. Por eso me ofrecí en sacrificio. Esto reconciliará a los demonios. Mi hijo Turu será vuestro nuevo hacedor del tiempo. Y ahora matadme y, cuando yo esté muerto, obedeced fielmente a lo que prescriba mi hijo. ¡Adiós! ¿Quién me matará? Propongo al tambor mayor Maro; será el hombre adecuado para ello.
Calló y nadie se movió. Turu, sombríamente enrojecido debajo del pesado gorro de piel, miró apenado alrededor de él; la boca del padre se contrajo sarcásticamente. Finalmente, la gran abuela golpeó furiosa el pie en el suelo, hizo una seña a Maro y le gritó:
—¡Adelante, pues! ¡Toma el hacha y mátalo!
Maro, con el hacha en la mano se colocó delante de su ex maestro, lo odiaba ahora más que nunca; la mueca de ironía en aquella vieja boca silenciosa le hacía amargamente daño. Levantó el hacha, la revoleó sobre su cabeza, la mantuvo alta tomando puntería, fijó su mirada en el rostro de la víctima, aguardando a que cerrara los ojos. Pero Knecht no hizo eso, mantuvo los ojos constantemente abiertos y miró al hombre del hacha casi sin expresión, pero lo que podía leerse en su cara fluctuaba entre la compasión y la burla.
Furioso, Maro tiró el hacha.
—Yo no lo hago —murmuró. Se unió al grupo de los dignatarios y se perdió entre la muchedumbre.
La gran abuela estaba pálida de rabia, tanto por el cobarde e inservible Maro como por el altanero hacedor de la lluvia. Hizo seña a uno de los ancianos, un hombre respetable y tranquilo, apoyado en su hacha, que parecía avergonzado por la desagradable escena. Éste se adelantó, hizo con la cabeza una señal breve y amiga a la víctima; se conocían desde niños. Ahora, la víctima cerró voluntariamente los ojos, los apretó y bajó un poco la cabeza. El anciano lo golpeó con el hacha y Knecht cayó. Turu, el nuevo hacedor de la lluvia no pudo decir una palabra, sólo con ademanes ordenó lo necesario, y muy pronto estuvo lista la hoguera con el cadáver acostado encima. La primera función oficial de Turu fue el rito solemne de encender la hoguera frotando dos maderos consagrados ...


Los escritos dejados por Josef Knecht´LOS TRES “CURRICULA VITAE”.
De El juego de abalorios de Hermann Hesse, 1943

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Por RainmakerCAV - 10 de Junio, 2009, 1:53, Categoría: General
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El fabricante de lluvia - Resumen del Libro

RESUMEN DEL LIBRO :
El fabricante de lluvia

______________________________________________

Aportado a El vago escolar por :
(Katy)

 


 


Camus nos cuenta la entretenidísma historia de Pete, un muchacho de 11 años que vive en San Luis, Estados Unidos, a comienzos del siglo XIX. Al quedar huérfano busca diferentes trabajos, pero siempre es estafado por sus patrones, hasta que encuentra al fabricante de lluvia.

Pete no está seguro si el fabricante de lluvia es un mago, un curandero o un charlatán, ni tampoco está cien por ciento seguro de su honradez pues, aunque era hijo de un estafador, el chico es honesto por naturaleza. De lo que no duda es de la habilidad de este hombre para salir adelante en todo trance.

 

Así viajan por todo el país, atraviesan desiertos, montañas, ciudades, ríos y praderas y conocen gente de todo tipo: apostadores, indios, bandidos, jugadores profesionales, predicadores y asesinos.

Me recuerda este libro la novela picaresca, donde el protagonista va por la vida engañando a todos de manera por demás ingeniosa. La habilidad del fabricante de lluvia es igual con indios que con blancos, con comerciantes que con soldados.

El joven lector aprenderá un poco acerca de las tribus de pieles rojas que poblaban Norteamérica, como los siux, los cheyennes, los tejas; visitará las ciudades y sus “Saloons”, las oficinas de los Sheriffs, viajará en un barco por el Misisipi y en caballo por las llanuras.

Una buena historia no puede dejar de tener algunas enseñanzas morales y ésta no es la excepción. Así como una parte importante del relato lo constituye la honradez, también encontramos frases inteligentes que harán reflexionar al lector, como por ejemplo: “El mal nos viene siempre por el deseo del hombre de ponerse por encima de algo. Unos sobre un pedestal, otros sobre un caballo.”

Es una narración ágil y entretenida, llena de aventuras y escrita de manera sencilla. Muchísimo más divertida que cualquier película o programa de televisión.

William Camus es de ascendencia india americana, así que conoce perfectamente el mundo que describe en sus novelas, de las que ha publicado muchas

 

 



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Por RainmakerCAV - 10 de Junio, 2009, 1:35, Categoría: General
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Otros Rainmakers - Cosa seria !!!

 

 

 

 

 

Rainmaker:
no se ría, estos tipos son cosa seria

Que nadie se vaya a reír de Javier Pelourson, el cazador de tormentas de Pergamino. Que nadie se ría, porque tendrá que vérselas conmigo. Su actividad es parte de una tradición rica en personajes, historias y prodigios.

Alejandro Agostinelli.

Por A. Agostinelli
09.02.2009

 

Que nadie se vaya a reír de Javier Pelourson, el cazador de tormentas de Pergamino. Que nadie se ría, porque tendrá que vérselas conmigo. Su actividad es parte de una tradición rica en personajes, historias y prodigios.

Porque el de pluvicultor, o rainmaker (hacedor de lluvias), es un oficio tan viejo como la injusticia. Y hay pocas cosas tan injustas como el reparto de los aguaceros.

Cherokees, navajos y anasazis celebraban danzas rituales para atraer el espíritu de antiguos jefes tribales capaces de provocar lluvias y expulsar espíritus malignos.

Un compañero de Sigmund Freud, el psicoanalista austríaco Wilhelm Reich (1897-1957), creyó en una fuerza universal que liberaban los orgasmos sexuales, la “energía orgónica”. Inventó un cañón, el acumulador de orgones, que “generaba y destruía nubes para arrancar lluvias a voluntad”.

Cuando Reich descubrió que el artilugio atraía platos voladores comenzaron los problemas: sus ocupantes, una despiadada raza extraterrestre, espiaba sus actividades.

La primera generación de rainmakers brotó durante las sequías que asolaron el lejano oeste, a principios del siglo XX. En 1871, Edward Powers sistematizó el arte de hacer llover en su libro La ciencia de la pluvicultura (1871).

Charles M. Hatfield (1875-1958), un vendedor de máquinas de coser, se atrevió a aplicar sus recetas. Pese a que tuvo tantos éxitos como fracasos, la sequía erigió a Hatfield y a sus acólitos en la única esperanza. En 1916, la ciudad de San Diego organizó una colecta para pagar los diez mil dólares que Hatfield exigía a cambio de un buen chaparrón.

El pionero, que evaporaba una mezcla química secreta en grandes tanques, levantó una torre para acercar su acelerador de humedad a las nubes. Durante diez días, una lluvia torrencial desbordó el río, arrastró varios puentes y reventó dos represas, que liberaron una tromba de agua que ahogó a veinte personas.

La inundación arrasó ganado, torres eléctricas y los canales que abastecían de agua a San Diego. Al tiempo, los rainmakers reclamaron el pago: si la ciudad no estuvo a la altura de la hazaña, ellos no tenían la culpa. Pero la gente buscaba a Hatfield para lincharlo. El municipio le ofreció 4.000 dólares si se hacía cargo de los daños, 3,5 millones de dólares. Al final, un juez decidió que el diluvio fue “un acto divino”. Claro: Dios sale barato.

Buenos Aires tuvo su Hatfield, el ingeniero Juan Baigorri Velar. En el altillo de su casa en Villa Luro, Baigorri atesoraba una máquina con dos perillas.

La A” provocaba tornados y ciclones, la “B”, lluvias intermitentes. Según el inventor, el prototipo desataba un vendaval de ondas electromagnéticas que atraía las nubes.

La gran historia –desenterrada por el periodista Juan Pablo Cozzani– comenzó el 2 de enero de 1939, cuando su principal detractor, Alfredo Calmarini, director del Servicio Meteorológico, lo desafió a producir un chubasco.

Baigorri entregó una nota al primer diario Crítica. “Como repuesta a la censura, regaló una lluvia a Buenos Aires el 2 de enero de 1939. Firmado: Ing. Baigorri Velar.” En un alarde de ironía, le dejó un paraguas a Calmarini “para el 2 de enero”. Esa tarde, en tipografía catástrofe, Crítica tituló: “Como lo pronosticó Baigorri, hoy llovió”.

En 1975, la psicóloga Ellen Langer bautizó al efecto detrás de estos fenómenos como “ilusión de control”, que es la tendencia humana de atribuir a hechos casuales acciones propias. Es la tentación de dar sentido a las coincidencias. Ni más ni menos.

 

Espacio de los lectores

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Diego 40 años  | 

Señores estamos en el siglo XXI , promedio de vida aprox 80, años,..tan sola hace 100 años atras las madres morian pariendo o por gripe...el avance de la ciencia es imparable..si me duele la cabeza tomo aspirina ( q de paso viene de la corteza de un arbol..gracias a algun viejo curandero...)no voy al curanchero manochanta de la esquina.., en la ciencia esta la salvacion de la humanidad , no en las religiones, ( que ya mataron mucha gente en nombre de Dios.. y miran para otro lado cundo el negicio les comvenia..), solamente hay que cambiar de conciencia...la solucion esta servida..con el conocimiento actual se puede prescindir de energias contaminantes..y de paso del dinero; en el y en las religiones esta el mal de la humanidad..

jedi 0 años  | 

"la psicóloga Ellen Langer bautizó al efecto detrás de estos fenómenos como “ilusión de control”, que es la tendencia humana de atribuir a hechos casuales acciones propias. Es la tentación de dar sentido a las coincidencias. Ni más ni menos." ya que la psicología y tu nota son un conjunto de resistencias y capacitores al servicio del circuito integrado de la irracionalidad lógica, vamos por más, sabes que existe el osciloscopio y un cristal vibrante definiendo un ritmo de vibración como estímulo al flujo electromagnético. sabés que la luna, el sol y los planetas influyen en corrientes marinas, estados de alta y baja presión, sabés que del clima sabemos modelar poco y nada ya que lo rige un complejísimo modelo desconocido de dinámica caótica. bueno algo parecido a la intención con que mueven la lengua los psicolocos y los positivistas como vos. aguante rainmaker y Tolomeo.

Silvina 52 años  | 

Nadie sabe cómo es esto. Lo que sí se sabe es que, cuando alguien tiene "un don" especial, no debe cobrar para ejercerlo...¡Qué negocio le facilitó el Señor a este remisero! Además,¡de cuanta plata dispone la gente del campo para pagar estas cosas raras y no beneficiar a sus trabajadores! Y lloran los productores, lloran... porque ¿no es que eran pobres?

el chaman de barrio norte 0 años  | 

Atraigo lluvia, chubasco, granizo, lo que utd necesite, horarios amplios, basta experiencia!!!! (muy luminoso, joyita nunca taxi), Preguntar Sr. Toro sentado!

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Por RainmakerCAV - 10 de Junio, 2009, 1:27, Categoría: General
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ADIOS AL CÁNCER, DIFUNDIR

 
 
RECIBO Y ENVIO, QUIZAS POR AHI, AYUDA A ALGUIEN
 
ABRAZOS
 
NELSON

 

 



---------- Forwarded message ----------
From: alMa antakarana almantakarana@hotmail.com
                                                                                          
 
 

Me recuerda cuando se decía que la vacuna contra la menengitis traída de Cuba no servía, solo porque los grandes monopolios no tenían ganancias con ellas.
 
O en otro orden, no nos dejan usar autos solares porque rompemos las ganancias de Arabes y otros.

 

 




   

ADIOS AL CANCER

Les pido por favor que reenvíen este correo a sus contactos y que le pidan
también a ellos que lo reenvíen y de esa forma se siga una cadena en aras de
que todos sepan que esto existe, que es cierto y que puede ayudar a alguien
que no conocemos pero lo necesita.

Muchísimas gracias..

Susana Alicia Kühn
(
kuhn_susana44@ yahoo.de)

Hace 8 años me detectaron un tumor en la mama izquierda que resultó ser
cáncer. Hace 3 años cuando aparecieron las metástasis en pulmones y
esternón, fui tratada con quimioterapia y radiaciones y se logró la
remisión.

Al poco tiempo me detectaron otro tumor en la mama derecha y con estudios se
vio que simultáneamente había metástasis en hígado, pulmones, y huesos. Esto
es 'cáncer de mama avanzado'.

Siguiendo instrucciones de mi oncólogo, realicé quimioterapia durante 8
meses. Con ello se logró frenar el progreso de las metástasis pero no hubo
mejoría.

Fue cuando comencé a averiguar sobre el tra tamiento de radiación en China.
Las casualidades me ayudaron a llegar a China para irradiarme con el sistema
conocido como 'body gamma knife' (sistema que no aparece en ningún buscador
de Internet y que no debe confundirse con el 'head gamma knife' que se
aplica sólo en cerebro). A 5 meses de haberme irradiado (hígado y mama), la
tomografía muestra la casi remisión total de la lesión de hígado, al igual
que la de la mama.

Los médicos de Buenos Aires siempre se mostraron y se muestran escépticos
con este método científico. La excepción es el Dr. Pavlosky (oncólogo en
hematología) que deriva pacientes a China.

Mi oncólogo me dijo que mi mejoría es 'mejor imposible'. En hígado sólo
queda cicatriz, en mama callosidad, los nódulos pulmonares desaparecieron,
el centellograma dice 'franca mejoría y menor captación en las lesiones'
pero no reconoce los beneficios de la radiación china.

Mi testimonio no es único. Muchos argentinos viajan y mejoran. Yo he hablado
con algunos de ellos. ¿Por qué no sale a la luz? Ayúdenme a ayudar..

Gladys Blasco
Billinghurst 1140 P.B. 'D'
(1174) Buenos Aires – Argentina
Cel.: (54-11) 15-6142 649

 

DIFUNDÁMOSLO AL MÁXIMO POR FAVOR ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡




Esteban Garriga (ESDAVGAR)
esdavgar@hotmail.com
Tel: (005982)3644668FAX:NO TENGO
ATANASIO SIERRA 47 ESQ. BRASIL LAS PIEDRAS
LENSI
CANELONES 90200
 

 

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Por Nelson Guizzo - 9 de Junio, 2009, 19:43, Categoría: General
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Psicologia Holokinetica

ENTREN A VER QUE ESTA BUENO
 
SALUDOS
 
 
NELSON

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Por RainmakerCAV - 8 de Junio, 2009, 21:36, Categoría: General
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