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PLANTAS MAESTRAS del Libro Pueblos, Drogas y Serpientes - 1er capitulo

Estimados, mando el libro -el primer capítulo- del libro de
nuestro geògrafo uruguayo Danilo Anton 
Pueblos, Drogas y Serpientes  y veamos si tambièn
existe sincronicidad con nuestras hermanas, las plantas...
 
Capítulo 1

             Las plantas maestras

Se cierran los ojos y se encienden cientos de diseños curvilíneos, elongadas serpientes de múltiples colores. Figuras enroscadas y tonalidades llamativas se suceden. El tiempo transcurre muy lentamente.

La mente se ha iluminado y sus componentes destellan, expresan mensajes cuyos contenidos y sentidos parecen querer descifrar los misterios de la conciencia.
 
Algunas curvas se organizan y asumen una forma serpentina mayor, que observada con más atención resulta ser un par idéntico y complementario enroscado alrededor de sí mismo.
 
La gran serpiente habla.
 
Dice cosas. Conceptos sabios, que se sienten antiguos como el mundo.
 
Nos trae a una nueva realidad.
 
Reduce el ego a una expresión minúscula. La ansiedad se calma.
Es la purificación. Abrimos los ojos. El cielo está tachonado de estrellas.
 
Hay muchos puntos luminosos. Muchos más de los que acostumbramos observar habitualmente.
 
Se escuchan sonidos lejanos de ranas y de insectos.
 
El perfume de la noche nos invade hasta lo más profundo. Luego el sueño.
 
Dormimos profundamente y al otro día despertamos diferentes.
En la noche de ensueños hemos ganado en humildad y sabiduría.
La escena se ha repetido una y otra vez, por miles de generaciones.
 
Los hongos sagrados recolectados con la luna llena, luego de las primeras lluvias, en la primavera, fueron el alimento ritual que por largo tiempo nutrió la antigua ceremonia.
 
Las mujeres y hombres santos emprendieron viajes al mundo de las verdades para llamar a los espíritus, bajo la forma de aves coloridas que traen belleza y sanación.
 
Los cantos y danzas se suceden toda la noche.
 
Al amanecer todos duermen.
Las sonajas, flautas y tambores están callados.
 
A medida que sale el sol se aproxima una enorme bandada de aves multicolores, que cubren el cielo y entonan gorjeos inverosímiles.
 
Las plegarias de la noche las han traído.
 
El nuevo día será armónico y próspero.
 
Habrá paz.
 
Un sutil juego de diplomacia

Normalmente, los conflictos entre individuos de una misma o diferentes especies de un ecosistema no sirven a ninguna de las partes involucradas.
 
En primer lugar, porque siempre hay una cuota de incertidumbre acerca del resultado. Y en segundo lugar, porque todo enfrentamiento implica un desgaste, un consumo de energía y materia que resulta más eficaz si se aplica a otras funciones o actividades.

Cuando es posible evitar un conflicto, es mejor hacerlo.
Luego de muchos millones de años, plantas y animales han desarrollado diversos métodos con el fin de reducir a un mínimo los enfrentamientos.
 
Para ello, desde épocas inmemoriales, los seres vivos recurren a la diplomacia. Emiten signos sutiles y complejos en donde anuncian su presencia a los organismos destinatarios quienes, a su vez, retribuyen con señales análogas.
A partir de ese momento se desencadena un proceso de "negociación" que suele desactivar la mayoría de los conflictos potenciales.

De todos modos, existen numerosas situaciones en que el "enfrentamiento" resulta inevitable; una o ambas partes consideran que no tienen alternativa, ya sea por razones territoriales o meramente fisiológicas. Estos casos son una minoría. En la naturaleza, la negociación es la regla.
 
Las formas de comunicación

Para negociar efectivamente, se requieren formas de comunicación apropiadas, señales que puedan ser emitidas y recibidas por todas las partes involucradas.

Los animales, que generalmente se mueven y trasladan, pueden comunicarse por medio de movimientos o sonidos (éstos últimos en realidad son movimientos que generan vibraciones)1. Las plantas, al ser relativamente inmóviles2, tienen que recurrir a otros métodos.

Un método de comunicación frecuente de los vegetales (que comparten con los animales), son los aromas u olores. Estas sustancias, normalmente producidas en pequeñas cantidades, son susceptibles de ser detectadas por otros organismos que de ese modo suelen enterarse de la presencia, el estado o algún otro anuncio proveniente del ente biológico emisor.

Las señales pueden provocar reacciones de atracción (el aroma de las flores en los insectos polinizadores), de rechazo (la mofeta o zorrillo), o de otro tipo.

Las plantas también se comunican mediante la emisión de compuestos a nivel del suelo, ya sea desde las raíces, de los tallos subterráneos o de la hojarasca caída. En todos los casos, los mensajes buscan generar un cierto tipo de respuesta en los organismos que rodean al individuo generador del mensaje.

Los hongos y bacterias que habitan en el suelo también pueden enviar y recibir variados tipos de señales junto con los nutrientes que absorben y liberan. En muchos ecosistemas existen verdaderas redes de flujos de diversas sustancias químicas que encierran mensajes significativos para sus destinatarios.

Además de los sistemas de comunicación antes mencionados, los organismos tienen la capacidad de emitir otros tipos de señales.

Uno de ellos, que curiosamente rara vez es tenido en cuenta al analizar los procesos vitales y ecosistémicos, son las ondas electromagnéticas (EM)3.
 
Los tejidos vivos como emisores de ondas EM

Se sabe que los tejidos vivos emiten constantemente una cierta cantidad de ondas electromagnéticas, generalmente de intensidad muy débil4. No sabemos con exactitud qué parte de la célula realiza esas emisiones pero, de acuerdo con ciertos indicios, lo más probable es que se trate del propio ADN.

El ADN, que es la molécula orgánica por excelencia, está compuesto por una larguísima cadena helicoidal doble de bases. Una parte pequeña de esta cadena (alrededor de un 3%) contiene información genética que permite replicar células, tejidos y organismos o construir proteinas.
 
El resto, a veces llamado, irrespetuosamente, "ADN-basura" o "junk DNA", por algunos geneticistas (según Jeremy Narby debería llamarse "ADN-misterio"5), está formado por repeticiones cíclicas de secuencias de bases que no parecen tener sentido (también denominados "intrones").
 
Como es sabido la materia viva emite ondas electromagnéticas y es altamente probable que las "plantas emisoras" se encuentren ubicadas en las moléculas esenciales de la vida (el ARN y el ADN). Estas emitirían ondas EM débiles cuyo sentido permanece indescifrado.

Señala el propio Narby que es probable que estas larguísimas cadenas con una estructura molecular casi cristalina, puedan ser verdaderas antenas transmisoras- receptoras de ondas EM.

Según esta hipótesis, los tejidos animales y vegetales generarían campos electromagnéticos débiles y complejos que serían modulados continuamente por los billones de unidades adeénicas próximas. Para ello estas moléculas utilizarían, por lo menos en parte, estos segmentos "intrónicos".

Con el transcurso del tiempo, los organismos vivos habrían desarrollado (o heredado, según los casos) este sistema de comunicación para alcanzar una eficacia máxima.

Parece razonable que el ADN y el ARN hayan desarrollado mecanismos para intercomunicarse utilizando sus particulares características físico-químicas. Imaginemos diez mil millones ( 10.000.000.000) de células cerebrales humanas emitiendo y recibiendo señales electromagnéticas "a distancia" (por encima y además de los impulsos electroquímicos transmitidos por medio de sus sinapsis).

La comunicación electromagnética "remota", sin necesidad de contacto físico, funciona en forma diferente a la "electroquímica". Es más rápida, permite acceder a muchos más receptores simultáneamente y, a diferencia de la transmisión sináptica, no requiere tanto consumo de recursos químicos y energéticos.

Si tenemos en cuenta esta posibilidad, podríamos imaginar el "pensamiento" humano de forma muy diferente. Sería algo así como un "campo" electromagnético alimentado y modulado por millones de microemisores que complementarían o guiarían las otras formas de comunicación interneurales (electroquímicas).

Ello permitiría explicar la existencia de comunicaciones telepáticas entre individuos de la misma o de diferentes especies.

Si un individuo o grupos de individuos, se especializasen en orientar sus "emisores" en forma eficiente, su alcance podría ser mucho mayor. Seguramente es una capacidad que existe en muchos animales y en los seres humanos con aptitudes para ello.

Pensamos que este tipo de comunicación también tiene lugar entre especies diferentes. El interminable y necesario juego de negociaciones interespecíficas y ecosistémicas requiere todos los medios de comunicación posibles.

Se sabe que las plantas se comunican entre sí utilizando los más diversos instrumentos disponibles. Algunos mecanismos son de naturaleza química (por ejemplo, secreciones radiculares, aromas) y otros son físicos (por ejemplo electromagnéticos). No sabemos con certeza como operan y se integran o complementan todos estos sistemas comunicativos, pero indudablemente son de ocurrencia habitual y sinérgica.

A diferencia de los animales que pueden utilizar métodos de comunicación dinámicos y que, por tanto, tienen menos necesidad de otros sistemas comunicativos, los vegetales y otros organismos deben recurrir a sistemas de emisión estáticos. Por ello no es de extrañar que los ecosistemas incluyan un componente electromagnético complejo, proveniente de sus organismos vegetales y animales, que permite optimizar el juego diplomático de las especies que lo constituyen.

Seguramente hay muchas plantas que se han especializado en este tipo de comunicación y que desarrollan eficaces sistemas de trasmisión de mensajes. Estos estarían destinados tanto a individuos de la misma especie (incluidos mensajes internos dirigidos a sus propias células) como a los organismos de especies diferentes.

La hipótesis central de nuestro trabajo es que algunos vegetales generan formas de comunicación muy especializadas o de gran fuerza que les permiten transmitir mensajes complejos a los centros nerviosos de los mamíferos (por ejemplo, a los primates, y en particular a los seres humanos).

Ellos incluyen los mecanismos químicos, cuyo funcionamiento ha sido investigado parcialmente y, probablemente, los métodos electromagnéticos antes mencionados. Tal vez el efecto que las plantas psicoactivas ejercen sobre nuestro sistema nervioso sea un combinación de ambos tipos de comunicación. Para aprehender el funcionamiento holístico de la conciencia será necesario aproximarse al tema con mucho desprejuicio y apertura mental.
Las plantas y el lenguaje

Según MacKenna, nuestra especie es, en buena medida, el resultado del intercambio de influencias recíprocas con ciertas plantas que producen intensos efectos sobre la mente. Señala este autor que algunas de las sustancias contenidas en ellas tienen un efecto muy específico en las capacidades humanas. Un ejemplo es la psilocibina, un agente activo del hongo teonanacatl (ver capítulo 7) y otras plantas, que "provoca un impacto profundamente catalítico en el impulso lingüístico".

Los individuos o comunidades que consumían el hongo lograban una mejor comunicación por medio del lenguaje. Aquellos o aquellas que no lo hacían se encontraban en franca desventaja. De a poco las poblaciones consumidoras, que a su vez eran los grupos más aptos para el lenguaje simbólico, lograron una predominancia sobre las no consumidoras.

Henry Munn argumentó en ese sentido en su trabajo "Los hongos del lenguaje": "El lenguaje es una actividad extásica de significación. Intoxicado por los hongos, la fluidez, la facilidad, las expresiones apropiadas que uno puede desarrollar son tales, que uno se asombra por las palabras que emergen del contacto entre la intención de articulación con la materia de la experiencia. La espontaneidad que liberan los hongos no es solo de percepción, sino lingüística. Para el chaman, es como si la existencia misma estuviera expresándose a través de él."6
La Amanita muscaria, un conocido hongo que crece en los bosques templados y fríos de Eurasia, también provoca reacciones de intensa actividad y locuacidad (ver Capítulo 5).
 
Del mismo modo, la ingestión de ayahuasca (infusión de la planta amazónica Banisteriopsis caapi, ver Capítulo 6) produce un significativo aumento de la acuidad sensorial, visual, auditiva y olfativa.

Tanto la ayahuasca como el teonanacatl y la Amanita muscaria se adaptan muy bien a la fisiología humana, son relativamente inocuos y no producen adicción. En ambos casos el impacto en la psicoactividad es muy intenso, pero sus efectos secundarios son escasos y poco duraderos.

Existen numerosos vegetales con propiedades psicoactivas parecidas. Su influencia varía según las especies, las variedades, e incluso el lugar donde crecen. Algunas de ellas han sido utilizadas como fuente de conocimiento por miles de generaciones. Es probable que por medio de ellas lleguen a la conciencia individual y social ideas o información que vienen siendo procesadas y compartidas por las comunidades humanas desde tiempos muy antiguos.
Muchas sociedades tradicionales centraron sus actividades en la ingestión o utilización de estas plantas. Esta consideración especial llevó a que se las considerara sagradas, y que su uso o consumo constituyera una parte esencial de los sistemas religiosos y espirituales.
De alguna modo podríamos decir que ellas son las plantas que nos enseñan.
Siguiendo la terminología utilizada por Jacques Mabbit, las denominaremos "Plantas Maestras".
Los hongos

Tal vez el grupo botánico que tiene una mayor diversidad de plantas psicoactivas son los hongos. Éstos, cuyo nombre científico es Mycota, son entidades biológicas heterótrofas7 como los animales y las bacterias. A diferencia de los vegetales verdes, no poseen clorofila y, por tanto, deben alimentarse de otros organismos o de materia orgánica en descomposición.
Es un grupo biológico muy antiguo, numeroso en especies e individuos y extremadamente exitoso desde el punto de vista ecológico.

Pueden tener características anatómicas y fisiológicas muy variadas. Los hay microscópicos, de apenas unas micras de largo, y gigantes, de dimensiones métricas. Pueden ser unicelulares o contener billones de células.

Algunos son esféricos, otros alargados o achatados, e incluso los hay que tienen forma de sombrilla (las "setas").

Los hongos se reproducen por brotes, fisión, fragmentación o esporas. Este último es un método común. Su reproducción puede ser asexuada o sexuada; existen especies que pasan por ambas fases reproductivas.

Debido a su antigüedad y a su función específica de degradadores bioquímicos de la materia orgánica, los hongos han desarrollado estrategias que ponen énfasis en la elaboración de numerosísimos compuestos de una gran diversidad y complejijdad. Como son inmóviles (sésiles) tienen una tendencia natural a defenderse de sus predadores mediante la producción de sustancias tóxicas para ellos. Estos compuestos químicos están a menudo asociados a colores y formas distintivas con el fin de enviar un mensaje de prevención a sus predadores y evitar ser atacados. Son los llamados "hongos venenosos". Como ocurre con todas las sustancias naturales, su toxicidad depende de la vulnerabilidad del destinatario y de la dosis recibida.
Algunos mycota fabrican sustancias que les permiten protegerse de las bacterias. Desde hace algunas décadas muchas de ellas están siendo utilizados por la medicina y reciben el nombre de "antibióticos".

Debido a esta antigua estrategia vital, los hongos han generado una gran variedad de compuestos fuertes, generalmente de tipo alcaloide, que dan lugar a reacciones variadas en los animales que los ingieren. A menudo se trata de simples mecanismos de defensa que tienden a producir el mayor daño posible al agresor. Pero en otros son, sobre todo, formas preventivas, "mensajes" más o menos complejos conducentes a reducir los conflictos a un mínimo, y así aumentar sus posibilidades de supervivencia.

Algunos hongos emiten señales que pueden ser captadas por los seres humanos por medio del sistema nervioso. Son los hongos "psicoactivos". Entre ellos se cuentan la Amanita muscaria, el teonanacatl, el ololiuhqui y el cornezuelo o ergot (ver capítulos 5 y 7).

Los relevamientos de especies micóticas han mostrado que hay numerosos hongos psicoactivos, tal vez miles, y que su rol fue, y es, fundamental para el desarrollo pasado y futuro de la especie humana, tanto desde el punto de vista de la biología como de su cultura8.
Cuestiones de terminología

Afirmar que la droga mata es tan necio
como declarar que el agua ahoga
o que las drogas iluminan9.

Uno de los principales problemas del tema de las drogas es la inadecuada y arbitraria utilización de la terminología, demostrativa de la tremenda ignorancia que existe en la materia.
Existe la costumbre de hablar de "alucinógenos" refiriéndose a todas las sustancias psicoactivas. En realidad, la inmensa mayoría de estos compuestos no son alucinógenos. Solamente unos pocos tienen esta propiedad (por ejemplo, la ketamina, la escopolamina, la hiosciamina y la atropina).

También se usa frecuentemente la expresión "narcóticos". Contradictoriamente, la palabra se aplica a muchos compuestos cuyo efecto es precisamente el opuesto, como es el caso de la cocaína (que es un estimulador del sistema nervioso central y de narcótico no tiene nada). Las palabras derivadas, como "narco" o "narcotráfico", a menudo referidas a los traficantes o a la comercialización de cocaína, son igualmente inadecuadas.

Otro término utilizado comúnmente, de significado bastante impreciso, es "estupefacientes" (sustancias que producen estupor). El vocablo "estupor" tiene dos sentidos principales: a) asombro y b) adormecimiento, insensibilidad. Desde ese punto de vista puede decirse que hay numerosos fármacos que producen "estupor" en cualquiera de sus dos sentidos, la mayoría de los cuales pueden ser utilizados legalmente.

La propia expresión "droga" es también muy general e inadecuada para designar los compuestos ilegales. En farmacología botánica se llama droga simplemente a la parte de la planta que se usa10. En sentido genérico se utiliza "droga" como sinónimo de "fármaco", una sustancia con efectos biológicos sobre el cuerpo, cuyas características e intensidad varían con la dosis. Obviamente, estos efectos pueden ser positivos o negativos. En el primer caso podría ser también llamada "medicina" y en el segundo caso, "veneno". En los hechos, ninguna sustancia es medicina o veneno, tan solo las dosis lo son.

En cuanto al concepto de "adictivas", atribuida a ciertas sustancias prohibidas, es totalmente inapropiado. Muchas de las "drogas" ilícitas no son adictivas, mientras que existe un gran número de productos legales que producen fuertes adicciones.

En definitiva, el vocabulario del prohibicionismo es sistemáticamente impreciso y contradictorio. Las únicas razones que determinan la designación de una sustancia en "droga ilícita" son de tipo histórico- cultural, y se refieren a calificaciones irracionales promovidas por sectores dogmáticos más allá de toda lógica científica.

En los hechos, para poder referirse al tema en forma objetiva, se requiere tener en cuenta la relatividad de los usos y efectos de las diversas sustancias psicoactivas. Solamente de esa manera se logrará la precisión conceptual necesaria para enfocar el tema en forma dialogada y razonable.

Las plantas de riesgo
Existen varias plantas psicoactivas que pueden resultar relativamente inocuas, pero hay muchas otras cuyo uso inadecuado puede entrañar riesgos de efectos secundarios negativos.
De todos modos, aún las plantas más riesgosas pueden ser empleadas con relativa seguridad, si existe un marco tradicional, generalmente ceremonial, armónico y apropiado.
Desafortunadamente, la sociedad de dominación imperante eliminó el consumo equilibrado de muchas plantas psicoactivas y en su lugar desarrolló formas de desnaturalización, tanto a nivel de la preparación de las sustancias psicoactivas, como de las condiciones sociales en que se las utiliza. Con el tiempo estas sustancias se transformaron en vicios globales, promovidos a nivel económico, político e institucional.
Muchas plantas psicoactivas, paradójicamente las más trascendentes, aquellas cuyo uso era un pilar fundamental de las sociedades humanas, fueron gradualmente erradicadas de la cultura global, prohibidas, estigmatizadas.
En la realidad diaria, los seres humanos contemporáneos, descendientes de los primates que se alimentaban de las sustancias fuertes, todavía necesitan alimentos psicoactivos para nutrir su mente. Sin embargo, carecen de ellos pues el sistema las ha ilegalizado.
Esta falta se experimenta como una ausencia de algo que es difícil identificar, y los individuos intentan llenar ese vacío indefinido con lo que encuentran, generalmente sustancias que imitan, con mayor o menor éxito, los efectos de los principios originales, pero que carecen de la combinación de elementos y del ambiente social y natural necesario para asegurar su carácter benéfico.
La artificialización de la naturaleza también se expresa en los procesos de frivolización e industrialización de las Plantas Maestras. La cocaína, la heroína y el éxtasis son todas sustancias artificiales surgidas de esa necesidad individual que no es satisfecha por las dietas socialmente autorizadas. El mismo sistema que las reprime es el que las crea. En una lógica perversa, la civilización global genera sus propios demonios, que luego se transforman en los peores enemigos.
Al mismo tiempo que persigue sin éxito estos compuestos sintéticos, el sistema policial global se encarniza en una lucha incansable contra las Plantas Maestras, los vegetales que diluyen el ego y crean un ambiente social y ético de cooperación.
Para mejor llevar a cabo sus fines económicos la sociedad industrial promovió la sustitución de las sustancias prohibidas por otros productos con propiedades más ajustadas a la naturaleza egocéntrica y agresiva de la sociedad global dominadora.
Dentro de ese marco se impulsó la diseminación de sustancias-drogas que fomentan la competencia, la agresividad, la irritabilidad y la expansión desmesurada del ego: las "drogas industriales".
Estas drogas, no sólo están permitidas sino que son objetos de un intenso y gigantesco comercio a escala global.
Para ello se tomaron antiguas plantas con propiedades estimulantes, y se las modificó industrialmente buscando obtener productos aceptables que alimentasen la naturaleza competitiva de la sociedad dominadora. Los resultados más conocidos, sustancias mimadas del mundo global, son el café, el té, la cola, el chocolate y el cigarrillo (ver capítulo 6).
Las sustancias psicoactivas
El universo de las sustancias psicoactivas es extraordinariamente complejo y, por lo tanto, es difícil presentar una descripción completa de la multitud de compuestos que de una manera u otra producen algún efecto sobre la mente humana.
Desde nuestro punto de vista, la clasificación más apropiada es la que ha presentado Antonio Escohotado (1998) en su excelente tratado: Historia General de las Drogas. Según Escohotado, los productos psicoactivos pueden ser divididos en tres categorías: los fármacos de paz, los fármacos de energía y fármacos visionarios.
Las sustancias alucinógenas y psicodélicas
El término "sustancias alucinógenas" utilizado de forma genérica para aquellas que provocan comportamiento anormal, variaciones de carácter, perturbaciones del pensamiento y distorsiones perceptivas de varios tipos, es un concepto ambiguo y en general, inapropiado.
Una de las características de este tipo de sustancias es que provocan un cambio en la percepción habitualmente denominado "alucinación". Por esa razón se usa la palabra "alucinógeno". Sin embargo, en la mayor parte de los casos, aún bajo la influencia de la "droga", los individuos saben que sus "alucinaciones" son diferentes de la "realidad" común. En sentido estricto, muy poca gente que consume "drogas" experimenta verdaderas alucinaciones.
La imprecisión o, aún mejor, la inexactitud del concepto, se debe a que la terminología utilizada proviene de la medicina (que contiene su propia fauna promiscua de "demonios"), y generalmente se usa con connotaciones negativas.
En el análisis que los especialistas hacen del tema, a menudo se olvidan aquellos elementos relacionados con la agudización de los sentidos y la expansión de la conciencia. Se dejan de lado los aspectos educativos y místico-religiosos de la experiencia "alucinante", poniéndose énfasis en los puntos de vista médicos y terapéuticos.
Para salvar estas objeciones hay quienes utilizan un término, marginalmente más apropiado aplicado a estos compuestos: "psicodélicos", o sea, aquellos que permiten la manifestación de la mente. Otros les llaman "enteógenos", creadores de la divinidad.
Las principales plantas psicoactivas
Las principales factores psicoactivos incluyen un gran número de sustancias, generalmente de origen vegetal. A continuación presentamos una lista sintética de las principales plantas que han sido utilizadas históricamente con fines psicoactivos y de los compuestos que se extraen de ellas.
1. La amapola (Papaver somniferum) es una planta con flor de porte herbáceo de cuya semilla se obtiene el opio. Contiene varios principios activos con propiedades psicoactivas: la morfina (que se utiliza también para producir heroína), la codeína y otros.
2. El cáñamo (Cannabis sativa), también llamada impropiamente marihuana, es una planta arbustiva, originaria del sur de Asia, que posee propiedades psicoactivas bien definidas. De ella se extrae el hachís y se utilizan las hojas para fumar.
3. El peyote (Lophophora williamsii) es un cactus cuyo principio activo más importante es la mescalina. El peyote crece en las zonas áridas de América del Norte subtropical.
4. El teonanacatl (Psilocybe mexicana y Stropharia cubensis) está constituido por varias especies de hongos psicoactivos que crecen en las montañas de Mesoamérica (Oaxaca, Chiapas, Guatemala). Contienen psilocibina y psilocina
5. El matamoscas (Amanita muscaria) es un hongo psicoactivo que crece en los bosques nórdicos y templados de montaña en Eurasia. Contiene muscarina y muscimol.
6. La ayahuasca es una infusión preparada a partir de una enredadera que crece en la región amazónica. Esta enredadera, llamada Banisteriopsis caapi, contiene harmina13 (C13H12N2O), un alcaloide con fuertes propiedades sicoativas.
7. El cornezuelo o ergot (Claviceps purpurea) es un hongo que parasita el centeno, el trigo y otras gramíneas. Es fuertemente psicoactivo y presenta una importante tóxicidad que puede ser eliminada en su preparación. Es de origen eurasiático o norafricano. Contiene varios alcaloides psicoactivos del ácido lisérgico, estrechamente emparentados al LSD-25 (ácido d-lisérgico dietilamida) el conocido compuesto sintético psicodélico.
8. El ololiuhqui (Turbina corymbosa), también llamado "semillas de la virgen" es una enredadera que se encuentra en México cuyas semillas tienen propiedades visionarias. Al igual que el cornezuelo contiene alcaloides del ácido lisérgico, con carácter fuertemente psicoactivo.
9. La aguacolla, también llamada San Pedro o gigantón (Trichocereus pachanoi) es un cactus de gran dimensión (5 a 8 metros de altura) que crece en los Andes centrales y noroccidentales de América del Sur (Ecuador, Perú). Del mismo modo que el peyote contiene mescalina.
10. La coca (Eritroxilum coca) es una planta arbustiva propia del piedemonte andino en América del Sur cuyas hojas contienen numerosos alcaloides, entre ellos la cocaína.
11. El tabaco (Nicotiana sp.) es un arbusto nativo de origen americano cultivado en la mayor parte de las sociedades nativas. Posee varios alcaloides, entre los cuales se destaca la nicotina.
12. El beleño (Hyoscyamus niger) es una hierba de la familia de las solanáceas característica de Europa y de la región Mediterránea. Contiene alcaloides del tropano, en particular la hiosciamina y la escopolamina. Esta última tiene propiedades visionarias...


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Por Nelson Guizzo - 8 de Abril, 2008, 22:51, Categoría: General
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