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El Enemigo Interno

Libro

El enemigo in terno

Andrew Bard

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Resumen de las p. 277-282, "La toma de conciencia de nuestra escisión interna", de C. Zweig y J. Abrams, Encuentro con la sombra (Kairós 20 02).


Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

(…) Si queremos trascender las fron teras que dividen nuestro amenazado planeta deberemos apr estarnos a superar la escisión que anida en el mismo cora zón del ser humano. (…)

La reconciliación con nue stros enemigos internos no supone la eliminación de nuest ros adversarios externos pero sí que modifica nuestra rel ación con ellos. Para alcanzar la paz nos veremos obligad os a realizar un doloroso esfuerzo espiritual. Sólo enton ces dejaremos de considerar que la maldad es algo diabóli co y comenzaremos a relacionarnos con ella en términos mu cho más humanos. Este es, a fin de cuentas, el camino de la humildad.

La oscuridad se asienta en el corazó n de todo ser humano. Quizás encontremos cierto alivio en creer que los seres humanos más destructivos son una esp ecie de demonios que pertenecen a una raza diferente. Sól o así es posible comprender que un escritor alemán subray ara la inutilidad de cualquier intento de comprender la c onducta de Himmler porque, en su opinión, "tal tenta tiva equivaldría a tratar de comprender a un demente en t érminos de experiencia humana". Más adecuada, sin em bargo, nos resulta la opinión de un periodista alemán que afirmaba: "Desde el mismo comienzo sabíamos que Hit ler era uno de nosotros. No debemos olvidarlo". Efec tivamente, Hitler era un ser humano, uno de nosotros, y a unque la proyección pueda proporcionarnos cierto alivio, no podemos seguir ignorando que el verdadero camino que c onduce a la paz pasa por el reconocimiento de que hasta e l más diabólico de nuestros enemigos no deja, por ello, d e ser tan humano como nosotros.

Es nuestra propia escisión interna la que ocasiona la hostilidad existente entre el bien y el mal. Sólo cuando comprendamos que el antagonismo es precisamente el causante de la maldad desc ubriremos una nueva dinámica moral que haga posible la pa z. Mientras nuestra moral siga sustentándose en el modelo bélico nos veremos obligados a elegir un bando, identifi carnos con una parte de nosotros mismos y repudiar a la o tra. De este modo, todas nuestras tentativas fracasarán c omo el intento de elevarnos tirando de los cordones de nu estros zapatos.

Es lamentable que los "pacif istas" compartan, con tanta frecuencia, el mismo mod elo ético que los belicistas. De ese modo, sin embargo, s e colocan a sí mismos en el papel de personas virtuosas q ue sólo desean la paz y consideran a los belicistas como una especie de demonios sedientos de sangre. Pero los bel icistas también nos protegen de peligros muy reales y los "amantes de la paz", por su parte, pretenden i mponer sus opiniones sobre las de sus "enemigos" ;. De este modo, lo único que se consigue es mantener el imperio de la violencia enmascarándolo detrás de la bande ra de la paz.

En el libro Gandhi's Truth, Eric Er ikson nos ayuda a esclarecer algunas de las trampas que a cechan en el camino de la paz. No cabe la menor duda de q ue Gandhi constituye, con todo merecimiento, un héroe del movimiento pacifista de nuestro siglo. El mismo libro de Erikson es un tributo de admiración. La figura semidesnu da de Gandhi constituye la encarnación misma de la sencil lez de espíritu y nos enseña a apelar a la bondad de nues tros adversarios y a no convertirlos en demonios. Así pue s, su ejemplo nos señala e camino para detener la escalad a vertiginosa de la violencia mediante la decisión volunt aria de aceptar los agravios sin responder a ellos.
< br>No obstante, como afirmó Erikson en una carta abierta dirigida a Gandhi, el obstinado esfuerzo del mahatma por alcanzar la perfección moral constituye también una evide ncia de su dimensión sombría. Según Erikson, la relación que Gandhi sostenía consigo mismo entrañaba un tipo de vi olencia que le llevó a establecer relaciones de dominio y explotación con las personas que le rodeaban. En opinión de Erikson, el combate que Gandhi sostuvo consigo mismo para alcanzar la santidad es la herramienta que nos manti ene cautivos del yugo de la violencia.

Erikson pr osigue diciendo: "Mientras sigamos siendo incapaces de aplicar la no violencia (satyagraha) a 'la maldad' que se asienta en nuestro interior y sigamos temiendo a nues tros instintos no haremos más que marchitar nuestra sensi bilidad, correremos el riesgo de convertirnos en criatura s doblemente peligrosas y la no violencia tendrá pocas op ortunidades de adquirir una relevancia universal. El argu mento central de la tesis de Erikson es que la lucha que Gandhi sostuvo contra su propia sexualidad –una lucha en la que la proyección desempeñó una función muy importante – dañó a otras personas. No podemos por menos que hacerno s eco de las reservas con las que George Orwell reflexion aba sobre Gandhi: "No cabe la menor duda de que un s anto debe evitar el alcohol, la carne, etcétera, pero, de la misma manera, los seres humanos también deben tratar de evitar la santidad". A fin de cuentas, la santida d constituye una identificación exclusiva con nuestros as pectos "virtuosos" –en tanto que irremisiblemen te opuestos a nuestros aspectos "pecaminosos"– y, por tanto, sigue alimentando nuestra concepción belici sta de la vida. "Gran parte del exceso de violencia que distingue al hombre de los animales –continúa Erikson – es el fruto de métodos educativos pueriles que enfrenta n a una parte del ser humano en contra de otras".
Es posible que existan otras alternativas. La bonda d puede ser concebida en términos de salud. En inglés, la raíz de la palabra "salud" (heath) está relaci onada con la de "totalidad" (whole). Desde este punto de vista, la maldad deja de ser algo que debemos d estruir violentamente para convertirse en una enfermedad que debemos curar, algo que hay que completar. Sólo hacié ndonos seres completos hallaremos el camino que conduce a la paz y al bienestar. Y, para lograrlo, es fundamental que nos reconciliemos con nuestras facetas pecadoras e im perfectas. Erich Neumann considera que uno de los princip ales objetivos terapéuticos de la psicología profunda des cansa en acopiar el "coraje moral necesario para no tratar de ser ni mejor ni peor de lo que uno realmente es ". Erikson, por su parte, finaliza su carta a Gandhi diciendo que –como afirma el psicoanálisis– el satyagrah a del mahatma debería contemplar la necesidad de un encue ntro terapéutico con uno mismo que nos permita "reco nciliarnos amablemente con nuestros enemigos internos…&qu ot;. Sólo de este modo la violencia fragmentadora desapar ecerá para dejar paso a la integración.

La bondad no reinará en el mu ndo cuando haya triunfado sobre el mal, sino cuando nuest ro anhelo por el bien deje de estar basado en la derrota del mal. Mientras sigamos entregados a búsqueda exclusiva de la santidad y no aceptemos humildemente nuestra condi ción imperfecta será imposible alcanzar la verdadera paz. (…)

 
http://www.iigov.org/seguridad /?p=16_05

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Por Nelson 22 - 21 de Diciembre, 2005, 23:32, Categoría: General
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